Como un día normal, Jesús Hernández salió de casa junto con su hijo mayor para comprar la despensa en la ciudad de Chicago, Illinois. En cuestión de minutos, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) los sorprendieron en su camino, sometiéndolos a base de golpes y amenazas.
En entrevista para MILENIO, Jesús compartió que a los agentes no les importó que su hijo fuera ciudadano estadunidense, por lo cual también fue detenido y llevado a un centro de detención.
Originario de Veracruz, viajó a Estados Unidos hace 27 años buscando el llamado “sueño americano”, el cual se ha vuelto “una pesadilla”, y desea que nadie viva esa experiencia.
Ese día fueron enviados al centro de detención de Broadview, Illinois, cercano a Chicago. Ahí fueron separados. Su hijo permaneció entre cuatro y cinco horas en ese lugar, para luego ser liberado, mientras él pasó seis semanas en la incertidumbre.
En casa, su esposa y sus otros dos hijos, uno de ellos con discapacidad física y motriz, quien era su principal preocupación.
Además de ser víctimas de maltrato físico, las personas capturadas por ICE trabajan jornadas de hasta ocho horas diarias y con pago de un dólar durante su estancia en los diferentes centros de detención, como el de Michigan.
Noé, de 47 años de edad, un mexicano originario de Veracruz, fue uno de los migrantes que, al ser detenido por migración en octubre de 2025 en la ciudad de Chicago, además de soportar los diminutos espacios de las celdas de tres metros por dos, tenía que hacer labores de limpieza en la cocina y en la bodega del centro.
Las dos comidas en el centro de detención se basaban, la mayoría de los días, en dos salchichas o dos panes con dos cucharadas pequeñas de maíz, y nada más.
Con un nudo en la garganta, Noé narra cómo nunca se dejó caer; en su mente siempre estuvo su familia —conformada por su esposa y tres hijos; el más pequeño, de seis años, con discapacidad—.
Asegura que se aferró a ellos para seguir adelante; «resistió con la mano de Dios» y siempre tuvo fe en salir libre para reencontrarse con sus seres queridos.
Jesús conoció a una abogada que logró su libertad del centro de detención, pero condicionada, pues le colocaron un grillete en el tobillo, para conocer sus movimientos durante las 24 horas del día.
Aunque ahora se encuentra en libertad, aún teme encontrarse con los agentes de ICE, pues, pese a demostrar su situación, no le garantiza el no volver a ser detenido.
El mexicano aseguró que esta experiencia no solo lo marcó a él, sino a su familia.
Pese a todo ello, Jesús aseguró que vale la pena por sus hijos para brindarles una vida mejor, sobre todo al pequeño, quien es totalmente dependiente de sus padres.
Hasta finales del 2027 será su próxima cita ante la Corte, en la cual un juez decidirá si permanece en Estados Unidos o no.
Mientras tanto, portará el grillete en su tobillo; sin embargo, solo podrá desplazarse en ciertos kilómetros a la redonda de la ciudad de Chicago.

