El presidente de EEUU, Donald Trump, este jueves en la Casa Blanca.
Reuters
Donald Trump ha admitido en privado que algunas de sus políticas de deportación masiva «han ido demasiado lejos» y ha ordenado un cambio de enfoque.
El nuevo enfoque prioriza la expulsión de inmigrantes con antecedentes criminales, reduciendo la visibilidad y el alcance de las deportaciones masivas.
El cambio se produce tras el relevo en el Departamento de Seguridad Nacional, con la salida de Kristi Noem y la llegada del senador Markwayne Mullin.
Las redadas masivas y episodios de violencia, como la muerte de civiles en Minneapolis, intensificaron el debate y las exigencias de los demócratas para condicionar la financiación del DHS.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido en varias conversaciones privadas con su círculo más cercano que algunas de sus políticas de deportación masiva «han ido demasiado lejos» y ha dado instrucciones a sus asesores para que adopten un nuevo enfoque respecto a una de sus principales promesas de campaña.
Según The Wall Street Journal, que cita funcionarios bajo anonimato, el republicano ha pedido reducir el énfasis del concepto de «deportación masiva» y priorizar la expulsión de inmigrantes con antecedentes criminales, como respuesta al impacto político de operativos amplios y altamente visibles en varias ciudades de EEUU y que han dado la vuelta al mundo, algo que preocupa a la Administración Trump.
El giro se produce en medio de cambios en el liderazgo del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tras la salida de Kristi Noem, cuya gestión estuvo marcada por fuertes críticas por el endurecimiento de las redadas y graves episodios de violencia que se saldaron con la muerte de varias personas, entre ellas Alex Pretti y Renée Good.
Trump ha reemplazado a Noem por el senador Markwayne Mullin, quien ha prometido un enfoque más coordinado con las autoridades locales y se ha distanciado de algunas de las prácticas más controvertidas de su predecesora.
La política de Trump de enviar miles de agentes migratorios a ciudades gobernadas por demócratas llegó a su límite en enero cuando, en Minneapolis, una operación masiva de control migratorio derivó en protestas y en la muerte de dos civiles a manos de agentes federales.
Desde el 14 de febrero, el Departamento de Seguridad Nacional tiene suspendida su financiación debido a que los demócratas en el Senado exigen unas medidas para apoyar la entrega de fondos
Entre las propuestas se encuentra la de que los agentes no puedan ir con el rostro cubierto o que necesiten una autorización para efectuar una detención o para entrar en un domicilio.
A lo largo de este mes, las posturas no se han acercado y la negociación, en la que se ha llegado a implicar la Casa Blanca, no ha avanzado.
De hecho, la tensión ha aumentado entre demócratas y republicanos, que se acusan mutuamente de obstaculizar las conversaciones.

