Antes de convertirse en prestamista universal, el inglés fue uno de los grandes importadores de palabras, una esponja capaz de absorber las lenguas con las que entraba en contacto. Durante siglos, las invasiones, el comercio, los imperios coloniales y las migraciones fueron engrosando ese caudal. Lo modelaron misioneros que hablaban latín, colonos vikingos, una nobleza francófona y hablantes de muchas otras lenguas, hasta llegar incluso al hawaiano, que le proporcionó ‘wiki’, «rápido», hoy convertido en una voz de alcance universal.

Las primeras grandes incorporaciones procedieron de las lenguas antiguas con las que Inglaterra entró en contacto: el latín, el nórdico, el griego, el árabe y el sánscrito.

El latín llegó a Britania en dos ocasiones antes de que nadie escribiera una sola palabra en inglés. Primero lo llevaron los romanos durante casi cuatro siglos de ocupación, pero el inglés no estaba allí. Después, a partir del siglo VI, misioneros que hablaban latín introdujeron el cristianismo con un nuevo vocabulario religioso. Palabras como ‘bishop’, obispo; ‘priest’, sacerdote; ‘monk’, monje; ‘candle’, vela; ‘school’, escuela y ‘altar’, altar, se añadieron por entonces. Siglos más tarde llegó una tercera oleada, cuando los estudiosos recurrieron al latín y al griego para construir el vocabulario moderno del derecho, la ciencia y las disciplinas académicas.

Muchas palabras que hoy suenan cultas o técnicas fueron creadas deliberadamente a partir de raíces latinas durante el Renacimiento y en los siglos posteriores. Términos como ‘species’, ‘genius’, ‘vacuum’, ‘census’, ‘agenda’, ‘alibi’, ‘veto’ o ‘forum’ pertenecen a esta incorporación erudita. Los hablantes nativos apenas perciben hasta qué punto conviven en el inglés voces patrimoniales y voces de origen latino: ‘ask’ frente a ‘interrogate’, o ‘end’ frente a ‘finish’. El inglés jurídico y académico sigue recurriendo al latín. Expresiones como ‘habeas corpus’, ‘quorum’, ‘referendum’ o ‘curriculum’ se emplean con su forma latina, sin traducción.

Muchas palabras que hoy suenan cultas o técnicas fueron creadas deliberadamente a partir de raíces latinas durante el Renacimiento y en los siglos posteriores

Durante varios siglos, el inglés convivió con variedades del nórdico antiguo. Las incursiones vikingas comenzaron a finales del siglo VIII y terminaron dando lugar a asentamientos permanentes. Ambas lenguas eran lo bastante parecidas como para que sus hablantes pudieran entenderse. La influencia llegó hasta los pronombres: ‘they’, ‘them’ y ‘their’ acabaron sustituyendo a las formas del inglés antiguo. Es un hecho excepcional, porque los pronombres pertenecen a los elementos más resistentes de una lengua. También entraron sustantivos y verbos de uso cotidiano como ‘sky’, cielo; ‘egg’, huevo; ‘knife’, cuchillo; ‘husband’, marido; ‘leg’, pierna; ‘skin’, piel; ‘sister’, hermana… Muchas de estas palabras sustituyeron a vocablos autóctonos o convivieron con ellos durante un tiempo antes de eclipsarlos.

Un ejemplo especialmente revelador es ‘window’, que procede del nórdico antiguo ‘vindauga’, literalmente «ojo del viento». Designaba una abertura sin cristales que permitía la entrada de luz y aire en las viviendas primitivas. El nórdico aportó además verbos muy frecuentes como ‘take’, tomar; ‘get’, conseguir; ‘want’, querer y ‘call’, llamar, y adjetivos como ‘ugly’, feo; ‘wrong’, equivocado y ‘loose’, suelto o flojo. No se trata de palabras cultas ni técnicas, sino de términos que forman parte del corazón mismo de la conversación diaria, razón por la que su origen suele pasar desapercibido. Prueba de la profundidad de aquella influencia son también numerosos topónimos terminados en ‘-by’, del nórdico antiguo ‘býr’, «granja» o «asentamiento», como Whitby, Derby o Grimsby. Otros, terminados en ‘-thorpe’, relacionados con «aldea» o «pequeño asentamiento», como Scunthorpe o Cleethorpes, permiten reconocer sobre el mapa las antiguas zonas de asentamiento nórdico.

El griego llegó al inglés sobre todo por vías indirectas, a través del latín y del francés, y también mediante la creación de vocabulario culto. La lengua de la antigua Grecia proporcionó a Europa buena parte del vocabulario con el que nombrar conceptos filosóficos, científicos y culturales como ‘democracy’, ‘philosophy’, ‘theatre’, ‘mathematics’, ‘drama’, ‘economy’ o ‘politics’. En lugar de traducir o sustituir esas denominaciones, las lenguas europeas las incorporaron, adaptándolas a sus propias formas. Las raíces griegas se transformaron además en auténticos bloques de construcción léxica. El elemento ‘-logy’, relacionado con la idea de «estudio» o «tratado», aparece en palabras como ‘biology’, ‘psychology’ o ‘technology’. Prefijos y elementos compositivos como ‘tele-‘, «lejos», ‘photo-‘, «luz» o ‘bio-‘, «vida», siguen siendo productivos y permiten crear palabras nuevas. Esta capacidad creadora distingue al griego de muchas otras lenguas que han aportado préstamos al inglés: no solo proporcionó palabras, sino también elementos con los que seguir formando otras nuevas. La medicina y la ciencia siguen recurriendo al griego como una de sus principales fuentes léxicas.

El árabe llegó al inglés durante la Edad Media, en buena medida a través del latín y del francés. Los eruditos europeos tradujeron obras científicas y matemáticas conservadas, desarrolladas y en algunos casos creadas en el mundo islámico. Buena parte de aquella transmisión intelectual estuvo vinculada a centros como Bagdad, Córdoba y El Cairo. Las matemáticas proporcionaron dos ejemplos extraordinarios. ‘Algebra’ procede de ‘al-jabr’, término que aparecía en el título del tratado del siglo IX de Muhammad ibn Musa al-Juarismi dedicado a la resolución de ecuaciones.

El árabe llegó al inglés durante la Edad Media, en buena medida a través del latín y del francés

El nombre latinizado de este matemático dio origen a ‘algorithm’, «algoritmo», después de un largo recorrido por el árabe, el latín y el francés. El comercio aportó palabras como ‘sugar’, procedente de ‘sukkar’; ‘cotton’, de ‘qutn’; y ‘coffee’, de ‘qahwa’, que llegó al inglés a través del turco y del neerlandés. Una evolución particularmente curiosa es la de ‘magazine’: procedente del árabe ‘makhāzin’, «almacenes», pasó a designar primero un depósito de mercancías y mucho después una publicación periódica. ‘Alcohol’ procede de ‘al-kuḥl’, que designaba originalmente un polvo cosmético muy fino. Con el tiempo, el término pasó a aplicarse a sustancias destiladas y terminó adquiriendo su significado moderno. También pertenecen a esta herencia palabras como ‘admiral’, ‘sofa’ y ‘mattress’, relacionadas con objetos destinados a sentarse o descansar. España y Sicilia fueron importantes centros de transmisión del saber y del vocabulario árabe hacia las lenguas europeas, aunque muchos arabismos llegaron al inglés por cadenas de transmisión más complejas. Estrellas como Aldebarán y Betelgeuse conservan nombres de origen árabe, legado de la astronomía medieval que ha quedado incorporado al vocabulario científico internacional.

El sánscrito, una de las grandes lenguas de la antigua India, llegó al inglés por dos vías muy distintas. Primero, a través de la investigación filológica y de la traducción de textos religiosos y filosóficos. De ese ámbito proceden ‘karma’, ‘nirvana’, ‘guru’ y ‘mantra’, incorporadas inicialmente al lenguaje especializado antes de extenderse mucho más allá de él. En el siglo XX llegó una segunda oleada, impulsada por la difusión internacional del yoga, la meditación y la espiritualidad india. Palabras como ‘yoga’, ‘chakra’ y ‘ashram’ abandonaron el ámbito estrictamente religioso para incorporarse al lenguaje del bienestar y del desarrollo personal. La historia de ‘avatar’ muestra hasta qué punto puede cambiar el significado de un préstamo. En la tradición hindú designaba la encarnación terrenal de una divinidad; con la expansión de la cultura digital pasó a nombrar la representación gráfica de un usuario en un entorno virtual. El nuevo significado se ha extendido tanto que para muchos hablantes resulta más familiar que el original.

Cuando el duque de Normandía conquistó Inglaterra en 1066, estableció una aristocracia francófona que gobernó el país durante cerca de tres siglos. El inglés, pese a la presión de la nueva lengua dominante, no desapareció. En lugar de desaparecer, absorbió una enorme cantidad de vocabulario francés. El francés penetró especialmente en los ámbitos relacionados con el poder: el derecho, el gobierno, la Iglesia y la vida cortesana. Palabras como ‘parliament’, parlamento; ‘jury’, jurado; ‘judge’, juez; ‘verdict’, veredicto; ‘lawyer’, abogado; ‘sovereign’, soberano… se incorporaron por entonces. Y también ‘court’, corte; ‘crime’, crimen; ‘proof’, prueba; ‘prison’, prisión… El vocabulario culinario ofrece un testimonio revelador: los campesinos anglosajones criaban ‘cow’, vaca; ‘pig’, cerdo; ‘sheep’, oveja y ‘calf’, ternero, mientras que en la mesa de la nobleza normanda aparecían ‘beef’, vacuno; ‘pork’, cerdo; ‘mutton’, carnero y ‘veal’, ternera. Esta diferencia entre el nombre del animal vivo y el de su carne ha sobrevivido durante casi un milenio y constituye un auténtico fósil lingüístico de aquella antigua división social. La moda, el arte y la vida cortesana incorporaron también abundante vocabulario francés: ‘royal’, real; ‘duke’, duque; ‘fashion’, moda; ‘robe’, vestido; ‘wardrobe’, guardarropa… Más tarde, cuando el francés siguió siendo la lengua de la alta cultura europea y de la diplomacia, continuó la incorporación: ‘ballet’, ballet; ‘genre’, género; ‘cliché’, cliché; ‘entrepreneur’, empresario; ‘déjà vu’, ya visto… Incluso ‘café’, aparentemente francés, llegó al inglés a través del francés después de un largo recorrido que comenzaba en el árabe ‘qahwa’.

La influencia italiana se hizo especialmente visible durante el Renacimiento, cuando Italia se convirtió en uno de los grandes centros europeos de la música, las artes y la arquitectura. El inglés incorporó entonces numerosos términos musicales como ‘piano’, ‘opera’, ‘soprano’, ‘tempo’, ‘solo’ y ‘sonata’, además de voces relacionadas con las artes plásticas y la arquitectura como ‘studio’, ‘fresco’, ‘gallery’ y ‘stucco’. Una segunda gran oleada llegó a finales del siglo XIX y principios del XX, impulsada por la inmigración italiana en Estados Unidos y el Reino Unido. Esta vez fueron sobre todo la gastronomía y la vida cotidiana las que enriquecieron el inglés con palabras como ‘pasta’, ‘pizza’, ‘spaghetti’, ‘espresso’, ‘cappuccino’ o ‘broccoli’. También ‘paparazzi’ procede de la película La dolce vita, de Federico Fellini, estrenada en 1960. En ella, ‘Paparazzo’ era el apellido de uno de los fotógrafos que perseguían a los famosos. El nombre del personaje pasó al inglés para designar a los fotógrafos de prensa que buscaban imágenes de celebridades. También ‘ciao’ pasó directamente al inglés como saludo informal. Su origen está relacionado con ‘schiavo’, «esclavo» o «servidor», en una antigua fórmula de deferencia. Los préstamos renacentistas llegaron a través del prestigio cultural; los gastronómicos, con la inmigración.

La influencia italiana se hizo especialmente visible durante el Renacimiento

Los préstamos del español al inglés comenzaron a adquirir importancia con la expansión española en América y aumentaron posteriormente con la vecindad entre Estados Unidos y México y con la inmigración hispana. Un importante bloque se concentra en la gastronomía, hoy casi invisible por su naturalidad: ‘tomato’, tomate; ‘potato’, patata; ‘chocolate’, chocolate; ‘vanilla’, vainilla. Algunas de estas palabras llegaron al inglés a través del español aunque sus raíces se encuentran en lenguas americanas. Más recientemente, ‘tapas’, ‘paella’, ‘sangría’ y ‘churro’ se usan en inglés sin traducir, como préstamos de prestigio culinario. Otro grupo está relacionado con la vida del rancho y la ganadería, heredado sobre todo del español mexicano y del suroeste de Estados Unidos: ‘ranch’, rancho; ‘rodeo’, rodeo; ‘lasso’, lazo; ‘stampede’, estampida; ‘corral’, corral; ‘canyon’, cañón; ‘patio’, patio y ‘plaza’, plaza. También llegaron voces relacionadas con la naturaleza y el clima, entre ellas ‘hurricane’, relacionado con el español ‘huracán’, de origen taíno, y ‘tornado’, procedente del español. ‘Breeze’, probablemente relacionada con el antiguo español ‘briza’, designa un viento. ‘Armada’, procedente del español ‘armada’, «fuerza armada», quedó estrechamente asociada en inglés a la flota enviada por Felipe II contra Inglaterra en 1588. También pasaron al inglés voces de organización social y política como ‘guerrilla’, diminutivo de guerra; ‘junta’, ‘embargo’, ‘vigilante’ y ‘renegade’, renegado. Del ámbito de la aventura y el mar llegaron ‘galleon’, galeón; ‘cargo’, cargo; ‘flotilla’, flotilla y ‘mosquito’, mosquito.

Navegantes y comerciantes portugueses llevaron su lengua a las costas de África occidental, la India, China y Brasil antes de que la mayoría de las demás potencias europeas establecieran allí una presencia semejante. Ese contacto dejó palabras como ‘cobra’, abreviación de la expresión portuguesa ‘cobra de capelo’, «serpiente con capucha», y ‘flamingo’, procedente del portugués y español ‘flamengo’, «color de llama», en alusión al tono rojizo del ave. El comercio introdujo alimentos como ‘cashew’, procedente del portugués ‘caju’, tomado a su vez de una lengua tupí de Brasil. Del mismo modo, ‘marmalade’, «mermelada», deriva de ‘marmelada’, una conserva portuguesa elaborada originalmente con membrillo y no con cítricos, como suele entenderse hoy. Dos palabras ilustran especialmente bien la influencia del comercio portugués en África occidental. ‘Fetish’ procede del portugués ‘feitiço’, «hechizo» o «encantamiento», término que los portugueses utilizaron para referirse a determinados objetos asociados a prácticas religiosas africanas. Más tarde, el francés y el inglés ampliaron considerablemente su significado. La palabra ‘palaver’ procede de ‘palavra’, «palabra». En el contexto del comercio portugués en las costas africanas pasó a designar una conversación o negociación prolongada, y ese significado especializado permaneció en inglés. También ‘albino’ llegó al inglés desde el español o el portugués ‘albino’, formado sobre el latín ‘albus’, «blanco».

Durante los siglos XVI y XVII los Países Bajos fueron una de las grandes potencias comerciales y marítimas de Europa, y sus navegantes, comerciantes y colonos llevaron el neerlandés a numerosos territorios. Esa posición permitió al inglés incorporar una abundante terminología náutica relacionada con la navegación, la construcción naval y el comercio: ‘yacht’, yate; ‘skipper’, capitán; ‘cruise’, crucero; ‘freight’, flete; ‘deck’, cubierta; ‘buoy’, boya y ‘dock’, muelle. La presencia neerlandesa en Norteamérica dejó además otra pequeña pero reconocible capa de vocabulario, especialmente en la antigua Nueva Ámsterdam, convertida después en Nueva York. De allí proceden ‘cookie’, pastelito; ‘boss’, jefe; Santa Claus, evolución inglesa de Sinterklaas, nombre neerlandés de san Nicolás; y también ‘waffle’, gofre y ‘sleigh’, trineo. El arte aportó igualmente préstamos importantes: ‘easel’, caballete, procede del neerlandés ‘ezel’, «burro», por la semejanza establecida entre el soporte para pintar y el animal utilizado para transportar cargas. El arte aportó también ‘landscape’, «paisaje», procedente del neerlandés ‘landschap’.

El alemán, contra lo que podría esperarse por su parentesco con el inglés, ha aportado menos vocabulario que el francés o el latín. Sus préstamos suelen designar conceptos específicos o matices para los que el inglés encontró útil conservar la palabra alemana. Algunas palabras llegaron con productos, lugares o instituciones: ‘hamburger’, relacionado con Hamburgo; ‘frankfurter’, con Fráncfort; ‘pretzel’; ‘delicatessen’ y ‘kindergarten’. Más llamativos son los préstamos que el inglés conserva porque condensan en una sola palabra una idea difícil de expresar con la misma precisión: ‘schadenfreude’, el placer ante la desgracia ajena; ‘doppelgänger’, el doble o sosias de una persona; y ‘wanderlust’, el deseo intenso de viajar.

El yidis, lengua germánica hablada históricamente por comunidades judías de Europa central y oriental, dejó una huella especialmente visible en el inglés estadounidense a través de la inmigración, sobre todo en Nueva York. Aportó numerosas voces coloquiales, muchas de ellas cargadas de ironía, humor o expresividad: ‘schmooze’, conversar amistosamente; ‘kvetch’, quejarse continuamente; ‘klutz’, persona torpe; y ‘schmuck’, término despectivo para una persona considerada estúpida o desagradable.

Aunque han aportado menos vocabulario al inglés que el francés o el latín, las lenguas eslavas han dejado préstamos especialmente expresivos en la geografía, la música, la política y la ciencia.

El ruso, principal fuente eslava de préstamos al inglés, aportó palabras relacionadas con el paisaje y la fauna de sus vastos territorios, como ‘taiga’, ‘tundra’ y ‘mammoth’, que llegó al inglés a través del ruso. La vida cotidiana y la cultura difundieron ‘vodka’ y ‘samovar’, mientras que ‘troika’, originalmente un carruaje tirado por tres caballos, pasó a designar cualquier grupo de tres personas que actúan conjuntamente. El siglo XX añadió palabras marcadas por la historia política y científica: ‘tsar’, adaptación del título imperial derivado en último término del latín ‘Caesar’; ‘gulag’, acrónimo de la administración soviética encargada de los campos de trabajo, que después pasó a designar el propio sistema de campos; y ‘sputnik’, «compañero de viaje», que se universalizó tras el lanzamiento del primer satélite artificial.

Del polaco llegó ‘mazurka’, nombre de una danza popular que se difundió por los salones europeos. Del checo procede ‘robot’, palabra creada en 1920 por el escritor Karel Čapek a partir de ‘robota’, «trabajo forzado» o «servidumbre».

El chino ha enriquecido el inglés a través del comercio, de la inmigración china y del creciente interés occidental por la gastronomía y la cultura de China. El ejemplo más conocido es ‘tea’, «té», que llegó al inglés a través de los comerciantes neerlandeses. Otras lenguas recibieron la palabra por rutas distintas y conservaron formas relacionadas con ‘cha’. La coexistencia de ‘tea’ y ‘cha’ en las lenguas del mundo dibuja, de manera casi cartográfica, las antiguas rutas comerciales del té. La gastronomía aportó también ‘wok’ y ‘chop suey’, términos que reflejan el contacto comercial y cultural entre China y Occidente.

El chino ha enriquecido el inglés a través del comercio, de la inmigración china y del creciente interés occidental por la gastronomía y la cultura de China

El japonés aportó voces que se han hecho universales, especialmente en la gastronomía: ‘sushi’, ‘ramen’ y ‘tofu’. La naturaleza proporcionó ‘tsunami’, mientras que ‘futon’ entró con el mobiliario y la vida doméstica. Más tarde llegaron palabras relacionadas con la cultura popular y la tecnología, como ‘karaoke’ y ‘emoji’. ‘Karaoke’, formado por elementos japoneses que significan «vacío» y «orquesta», designa literalmente una «orquesta vacía». ‘Emoji’ combina elementos japoneses relacionados con «imagen» y «carácter» o «signo».

Los casi dos siglos de presencia británica en la India dejaron en el inglés un abundante vocabulario procedente del hindi y de otras lenguas del subcontinente. Las viviendas y la vida doméstica aportaron palabras como ‘bungalow’, originalmente «al estilo de Bengala»; ‘veranda’, porche cubierto; ‘cot’, catre; y ‘dinghy’, pequeño bote. La indumentaria y el cuidado personal incorporaron ‘shampoo’, del verbo ‘champo’, relacionado con amasar o masajear; originalmente se refería al masaje de la cabeza, no al producto. ‘pyjamas’ deriva de ‘pae jama’, «prenda para las piernas». La época colonial transmitió palabras como ‘loot’, «botín». Un ejemplo interesante es ‘jungle’, tomado de ‘jangal’, que designaba cualquier terreno despoblado, no necesariamente una selva tropical.

El persa alcanzó el inglés por diversas vías: a través del comercio y de las antiguas rutas de Asia, por la influencia cultural de las cortes persas y, de manera indirecta, a través del árabe y el turco. ‘Checkmate’, «jaque mate», llegó al inglés después de un largo recorrido que comenzó en el persa y pasó por otras lenguas antes de alcanzar el inglés. Los mercados legaron palabras como ‘bazaar’, bazar, y ‘caravan’, caravana. ‘Paradise’, «paraíso», tiene un recorrido extraordinario: procede en último término del persa ‘pairidaeza’, «jardín cercado», pasó al griego y al latín, y llegó finalmente al inglés después de atravesar otras lenguas europeas. El significado terminó adquiriendo una dimensión espiritual que ya no tenía el término original. También ‘jasmine’, jazmín, y ‘lilac’, lila, son voces de origen persa. La palabra ‘orange’ tiene un largo recorrido: procede en último término del sánscrito ‘nāraṅga’, pasó al persa y al árabe, llegó al italiano y al francés y de ahí al inglés. Primero nombró el fruto; solo después, en el siglo XVI, pasó a designar también el color.

El turco absorbió vocabulario persa y árabe, y también exportó sus propias palabras. Dos de los préstamos más universales son ‘yogurt’ y ‘kiosk’. El ámbito militar aportó ‘horde’, horda, derivada de ‘ordu’, «campamento» o «ejército». El nombre del color ‘turquoise’, «turquesa», procede del francés ‘pierre turquoise’, «piedra turca», relacionado con las rutas comerciales por las que el mineral llegaba a Europa.

Podríamos seguir, pero bastará con recordar lo que ocurrió cuando los colonos ingleses llegaron a la costa oriental de Norteamérica en el siglo XVII y encontraron plantas, animales y paisajes desconocidos para ellos, cuyos nombres procedían de las lenguas algonquinas. De allí proceden ‘moose’, alce; ‘raccoon’, mapache; ‘opossum’, zarigüeya; ‘skunk’, mofeta; ‘squash’, una variedad de calabaza, y ‘moccasin’, mocasín. Más allá, en las islas del Pacífico, el inglés tomó del hawaiano ‘aloha’, una palabra que puede expresar saludo y despedida, pero también afecto, amor, compasión o buenos deseos. También incorporó ‘hula’, nombre de una danza tradicional, y ‘mahalo’, «gracias», voces difundidas internacionalmente junto con la cultura hawaiana y el turismo. Uno de los préstamos más sorprendentes es ‘wiki’, procedente del hawaiano ‘wikiwiki’, «rápido». Un desarrollador informático tomó la palabra para nombrar un sistema de edición rápida de páginas web colaborativas. De ahí surgieron después Wikipedia y toda una familia léxica: Wikcionario, Wikidata, Wikimedia… Lo extraordinario es que una palabra hawaiana, después de siglos de historia, entró así en el vocabulario tecnológico internacional y en pocas décadas generó toda una familia léxica.

En cuanto dos pueblos comercian, rezan juntos o se hacen la guerra, sus vocabularios se filtran sin pedir permiso ni levantar sospechas. Basta el contacto. Lo que hoy hace el inglés con ‘streaming’, ‘feedback’ o ‘email’ no inaugura una época: repite un proceso ancestral. Cambian el protagonista y la velocidad, ambos adecuados a los tiempos. El inglés de hoy presta palabras a medio mundo, pero su historia cuenta otra historia: durante siglos fue una lengua extraordinariamente dispuesta a recibir. Quizá una de las claves de su flexibilidad esté precisamente ahí. Cada época tiene sus lenguas prestamistas y sus lenguas receptoras. Hoy el inglés ocupa una posición privilegiada como prestamista, pero su propia historia recuerda que ninguna lengua ha vivido nunca aislada. Las palabras, como sus hablantes, nunca dejan de viajar.

*Rafael del Moral es sociolingüista experto en lenguas del mundo y autor de la ‘Enciclopedia de las lenguas’, ‘Breve historia de las lenguas’, ‘Historia de las lenguas hispánicas’ y ‘Las batallas de la eñe’, así como de numerosos artículos en revistas especializadas.

Antes de convertirse en prestamista universal, el inglés fue uno de los grandes importadores de palabras, una esponja capaz de absorber las lenguas con las que entraba en contacto. Durante siglos, las invasiones, el comercio, los imperios coloniales y las migraciones fueron engrosando ese caudal. Lo modelaron misioneros que hablaban latín, colonos vikingos, una nobleza francófona y hablantes de muchas otras lenguas, hasta llegar incluso al hawaiano, que le proporcionó ‘wiki’, «rápido», hoy convertido en una voz de alcance universal.

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