Los acontecimientos bélicos que vienen sucediéndose en la guerra que Israel y Estados Unidos mantienen contra el régimen de los ayatolás de Irán no parecen concluir con un acuerdo de paz. Lo que Donald Trump consideraba un conflicto a concluir en una o dos semanas, no ha sucedido así y el país musulmán se defiende ante la poderosa presión de sus enemigos. Día a día, no obstante, son noticias contradictorias las que circulan sobre un acuerdo de paz, de parte de Trump, no secundado por su homólogo israelí Netanyahu.
Cuando meses atrás la población iraní salía en masa a diario por las calles de Teherán en protesta por la política del ayatolá Jameini y su gobierno, y Netanyahu y Trump la emprendieron contra aquel régimen, pareció que iba a triunfar la Operación Rugido de León, consistente en el relevo de los dirigentes iraníes para establecer en lo posible un gobierno democrático.
En esa situación dramática cuando habían muerto más de siete mil ciudadanos por la reacción represiva de los ayatolás, es cuando Reza Pahlavi, hijo del destronado Shah de Persia y de la Emperatriz Farah Diba, creyó que había llegado el momento de intervenir diplomáticamente en el conflicto con el objetivo de ocupar el trono del Pavo Real, que había pertenecido a su desterrada familia hasta hace cuarenta y siete años. Reza Pahlavi contaba entonces sólo diecisiete..
Reza Pahlevi tiene contactos con la Casa Blanca. Se había ofrecido a Trump por si acordaban que fuera el líder de la transición en el supuesto cambio de régimen en Irán. Muchos ciudadanos del país estaban ilusionados con el retorno de la Monarquía. De una generación posterior a aquella que celebró su caída en 1979, cuando el Shah hubo de abandonar precipitadamente con su familia uno de los varios palacios que ocupaban, en pos de un país que pudieran alojarlos a causa de la revolución comandada por el ayatolah Jomeini, que vivía desterrado en París.
EL Shah Mohamed Reza Pahlavi, que había estado casado con la princesa Soraya de los ojos verdes, a la que repudió por no haberle dado descendencia, conoció en París a una bella estudiante, Farah Diba, con quien contrajo matrimonio en diciembre de 1959, tras un breve noviazgo. Tuvieron cuatro hijos: Farahnaz, Reza, Alí Reza y Leila. Durante su reinado, se coronaron Emperadores del antiguo reino persa. Y aunque el régimen mantuvo una férrea gobernación bien es cierto que permitieron leyes democráticas nunca hasta entonces conocidas en Irán, como la emancipación a la mujer, su derecho al voto, la institucionalización del divorcio y otras libertades.
El Shah cayó en desgracia con su política, dejó Estados Unidos de apoyarlo y como decíamos, en 1979 se derrumbó su régimen. La huida de él y su familia constituyó un triste y amargo periplo, porque ningún país quería darles refugio. Fueron dando tumbos por Asuán, Marrakech, las Bahamas, Cuernavaca (México)… En España hubo contactos entre el Shah y don Juan Carlos I, pero nuestro Rey se disculpó: no estaban políticamente las cosas en aquellos tiempos de la Transición para concederles el asilo que solicitaban. El Shah, mal de salud, enfermo de cáncer, que mantuvo en secreto, fue operado en Estados Unidos en marzo de 1980. Regresó con los suyos a Egipto, donde había encontrado, por fin, un país de acogida, pero murió en El Cairo el 27 de julio de aquel mismo año.
La Emperatriz Farah se estableció en París con sus hijos. Dos de ellos, Laila y Alí, murieron en trágicas circunstancias en 2001. A los cuatro, les había dicho que algún día regresarían a Irán, lo que había sido el legendario Imperio Persa durante cinco mil años. Y con esa ilusión fueron pasando los años. El príncipe Reza, que se había casado en 1966 con Yasmine Etermad-Amini, que le dio tres hijas, había sido elegido heredero de la dinastía un año más tarde, cuando sus padres se autoproclamaron Emperadores. En el exilio de 1979, el príncipe Reza se encontraba en Estados Unidos completando su formación de piloto en una base militar de Texas.
Y en Estados Unidos terminaron viviendo Farah Diba (aunque viajaba de vez en cuando a Paris) con los dos hijos que le quedaban. Reza Pahlavi no dejó nunca de estar en contacto con algunos de sus fieles compatriotas, pendiente de la actualidad mundial y, como estas últimas semanas, pensando en su posible retorno a Teherán. Donald Trump, en el supuesto caso que resolviera a su favor el conflicto junto a Israel de su enemigo, Irán, se plantearía su apoyo, o no, a Reza Pahlavi. Y hoy por hoy, esa posibilidad está en el aire, el ejército iraní de los ayatolás resiste, y esta guerra que no debía haberla emprendido el enloquecido líder de la Casa Blanca, puede que le cueste muy caro.

