Es verdad que Estados Unidos es una suerte de continente en sí mismo de más 350 millones de habitantes. Las costas no se parecen al interior, del mismo modo que el sur y el norte son diferentes. Pero lo que sí es una constante en este país es que desde sus inicios fundacionales se caracterizó por ser una tierra de aluvión de migrantes y colonos. Unos inicios marcados también por un genocidio continuado contra los nativos para apropiarse del territorio y de sus fuentes de riqueza, ya fuera por parte de la metrópoli como por parte de las autoridades del nuevo Estado que este 4 de julio cumple 250 años.

Los migrantes nunca han dejado de llegar y se han convertido en una seña de identidad de EEUU.

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