Cuando se supo que el Gobierno de EEUU autorizaba el despliegue de 45 agentes del ICE en Italia durante los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d’Ampezzo saltaron las alarmas: ¿Por qué, de todos los cuerpos de seguridad estadounidenses, se escoge el utilizado por Donald Trump para implementar su plan de deportaciones masivas?
La decisión fue una bomba diplomática casi desde el principio: con las imágenes de estos policías matando a tiros a dos ciudadanos frescas en la retina, el alcalde de la ciudad olímpica anfitriona, Giuseppe Sala, afirmó que no quería ver allí a “una milicia que mata”. El ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, salió a contestar que “no es que vayan a venir las SS”, a pesar de que algunos analistas califican las patrullas del ICE en ciudades como Minnesota como “lo más parecido a las SA”.

