ucha información existe ya sobre el arribo del sargazo a las costas de Quintana Roo y a los países del Gran Caribe. Este año llegó masivamente. Aunque cumple un papel ecológico importante, pues sirve de alimento y refugio para muchas especies marinas, al llegar al litoral afecta formaciones de coral, pastos, la arena de las playas; al turismo, la pesca y la salud de las personas expuestas, pues el alga puede concentrar arsénico, mercurio y cobalto. Y al descomponerse, emite un olor sulfuroso que impide la presencia de gente en las playas.

En los dos sexenios gubernamentales anteriores, se anunciaron programas integrales para enfrentar la situación, pero los resultados dejaron mucho que desear. En junio de 2019, durante el mandato de López Obrador, representantes de 13 países caribeños y científicos de Estados Unidos y México se reunieron en Cancún para fijar estrategias destinadas a controlar la llegada del sargazo a sus litorales. No se supo más de lo allí acordado.

Días antes, López Obrador presentó su plan de gobierno para impedir que el alga llegara a las playas del país. Responsable de esa tarea, la Secretaría de Marina, en coordinación con la de Medio Ambiente y Recursos Naturales, el sector empresarial, los gobiernos de Quintana Roo y los municipios afectados. La recolección en altamar por medio de buques sargaceros se incrementó desde entonces. Pese a ello, a las barreras de contención en partes de litoral y a que hay más equipos que lo recogen mecánicamente en la playa, la magnitud del fenómeno desborda todas las medidas.

Con sobrada razón, la comunidad científica advierte de una catástrofe ambiental en los ecosistemas marinos de la región. Ha sido básico el papel de dicha comunidad en el conocimiento del problema y sus soluciones. Nuestro diario destaca por publicar los trabajos de 27 especialistas en dos suplementos de La Jornada Ecológica.

Entre las instituciones donde laboran dichos científicos, destaco el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese); el Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables, el de Investigaciones Oceanológicas de la Universidad Autónoma de Baja California, El Colegio de la Frontera Sur y el Cinvestav del Politécnico Nacional. Existen además laboratorios suficientes para analizar el alga y sus efectos en el ambiente marino, el litoral y la población expuesta.

La actual administración heredó, agravado, el problema. Para buscar la mejor forma de resolverlo, en su reciente visita a Quintana Roo, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció un plan integral en coordinación con la iniciativa privada para recoger el alga en altamar, triturarla allí lo más posible pues, descompuesto, no puede usarse como alimento para animales ni en procesos industriales. Luego, trasladarla a un lugar adecuado. Hay ya en Puerto Morelos un predio para instalar el Parque de Economía Circular para Sargazo, pero se desconocen las bases técnicas y financieras para su funcionamiento. Si se deposita en lugares sin la infraestructura adecuada, contamina los vitales acuíferos de la península de Yucatán. También anunció la integración de un comité científico para estudiar el problema y diseñar la mejor estrategia para atenderlo.

Como se advierte en el editorial de La Jornada del pasado 19 de julio, hay que abordar el origen de lo que sucede: el calentamiento del océano por el cambio climático y la deforestación de la Amazonia y la Orinoquia en aras de la ganadería extensiva y los monocultivos, como la soya, que provocan el vertido masivo de fertilizantes al mar, abonos ideales para el crecimiento del alga.

Y en cuanto al comité científico anunciado por la Presidenta, algunos especialistas opinan que es mejor establecer una buena coordinación desde una investigación. Con un director, un responsable administrativo y una secretaria. Reuniones virtuales y presenciales periódicas para discutir planes, avances y logros. También, una convocatoria de la Secretaría de Ciencia y Teconolgía y el empresariado del Caribe, para apoyar estudios que tracen los mejores caminos para resolver el problema.

Como lo expresé en los nueve artículos que he publicado aquí sobre el sargazo, debemos aprender a convivir con él. Llegó para quedarse por muchos años.

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