Alex Karp, CEO de la empresa de software Palantir, defiende el uso de la inteligencia artificial como arma para garantizar la seguridad nacional.
«Una era de disuasión, la atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión basada en la inteligencia artificial está a punto de comenzar», reza uno de los 22 puntos del manifiesto de Palantir, una suerte de carta fundacional del tiempo de la tecnocracia con la que el consejero delegado de la compañía, Alex Karp, ha saltado a la primera plana internacional este año.
La frase resume bien dos conceptos clave de la ideología de este filósofo, que considera el potencial de las nuevas tecnologías equiparable al poder nuclear y como tal defiende la necesidad de esgrimirlo como arma. Bajo esta visión, Karp dirige Palantir, el gigante de la gestión de datos con fines militares y de seguridad, una suerte de Gran Hermano de la vigilancia global que ha facilitado, entre otras, las operaciones militares de Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo, y del que todo el mundo habla en Wall Street.
Nacido en Nueva York, en 1967, hijo de un pediatra judío y una artista afroamericana, Karp se crió en un hogar progresista en Filadelfia, marcado por su dislexia. Cursó sus estudios de Filosofía en el Haverford College de Pensilvania y, aunque posteriormente se licenció en Derecho por la Universidad de Stanford (California), completó su formación en la Universidad Goethe de Fráncfort, donde estudió con el célebre filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas. Karp investigó allí la retórica del fascismo y se doctoró en teoría social neoclásica.
Es a su regreso a Estados Unidos cuando Peter Thiel, cofundador de PayPal y primer inversor en Facebook, elige a Karp para dirigir su nuevo proyecto: Palantir. La empresa toma su nombre de las llamadas «piedras videntes» que J.R.R. Tolkien concibió en El Señor de los Anillos como esferas que permiten a su dueño contemplar sucesos lejanos o comunicarse con «el ojo que todo lo ve».
Y esa era la idea. Crear una plataforma de recolección masiva y análisis automatizado de datos capaz de desvelar la ubicación y movimientos de cualquier enemigo. La idea terminó de despegar tras los atentados del 11-S en Nueva York, cuando el brazo inversor de la CIA, el fondo In-Q-Tel, invirtió dos millones de dólares en aquella startup para darle una aplicación práctica.
Thiel y Karp se habían conocido durante sus estudios de Derecho en Stanford, donde compartieron afición por el ajedrez y trabaron amistad pese al perfil conservador del primero y el progresismo del segundo. Durante su etapa al frente de Palantir, sin embargo, el filósofo ha ido virando sus posiciones políticas, pasando de votar a Hillary Clinton en 2016 a apoyar a Donald Trump en su segundo mandato. Su biógrafo Michael Steinberger achaca el giro final a los atentados del 7 de octubre de 2023 de Hamás contra Israel.
Durante ese tiempo, Karp ha llevado el timón de Palantir que ha incorporado la inteligencia artificial en su ADN convirtiéndose en uno de los proveedores clave de servicios de inteligencia para la seguridad nacional. Se cree que su software ayudó a localizar la guarida en la que Bin Laden fue abatido en Pakistán.
Actualmente, la firma presta servicios a gobiernos como el de EEUU, con contratos millonarios con el Pentágono, al que ayuda en operaciones militares, ataques selectivos y el desarrollo de armas autónomas; el ICE (el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), al que presta apoyo en redadas contra inmigrantes; o a Israel, al que ha asistido en los bombardeos sobre Gaza. Este año se ha convertido en el sistema operativo de la OTAN. Palantir también da servicio a empresas privadas de aviación, automoción o banca, a las que ayuda a prevenir accidentes o fraudes.
«Nuestro negocio está creciendo a un ritmo y a una escala que nunca antes habíamos presenciado. Generamos 1.900 millones de dólares en ingresos durante el segundo trimestre del año, otro récord en las dos décadas de operaciones de nuestra empresa», se jactó Karp la pasada semana durante la presentación de los resultados trimestrales de la firma, que desvelan que su negocio prácticamente se ha duplicado en el último año. Aquel día, las acciones de Palantir, que salieron a Bolsa a 10 dólares por título en 2020, se dispararon casi un 30% hasta los 163 dólares.
Sin embargo, lo que más titulares ha granjeado a Karp este año, situándole bajo los focos del público general por primera vez, fue la publicación el pasado abril de un provocador manifiesto. El documento, que cobró forma de post de Palantir en la red social X -del magnate tecnológico Elon Musk- era en realidad un resumen en 22 puntos de La república tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente, libro publicado en 2025 por el propio Karp junto a Nicholas W. Zamiska, consejero legal de Palantir, que llegó a coronar la lista de bestseller de The New York Times.
Una de sus premisas es que «la capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer exige algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y este poder duro en este siglo se construirá sobre la base del software». El manifiesto defiende que «la élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación» pues carga con «una deuda moral con el país que hizo posible su auge». «Silicon Valley debe desempeñar un papel importante en la lucha contra la delincuencia violenta», añade.
A partir de ahí, el texto de Karp argumenta que «la cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre las ventajas de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional». «Si un infante de marina estadounidense pide un fusil mejor, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software», agrega, abogando por el servicio militar obligatorio y cargando contra el «pluralismo vacío».
El progresismo con el que Karp se solía identificar tachó el artículo de «giro autoritario», «tecnofascismo» y le comparó a él con un «villano de James Bond». El CEO de Palantir, no obstante, se ratifica en sus convicciones. La pasada semana remitió una carta a sus accionistas aseverando que «está surgiendo un movimiento global: la revolución por la independencia y la soberanía de la IA ya está en pleno apogeo».
En ese entorno, aseguró, Palantir es «la única empresa que ha demostrado su capacidad» para transformar esa demanda «en valor económico real». «Somos una de las pocas empresas del sector tecnológico que está totalmente alineada con sus clientes», dijo el filósofo, que en el pasado ha declarado que «salvar vidas y, en ocasiones, quitarlas es sumamente interesante».
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