Washington ve irrelevante un continente envejecido, tomado por los inmigrantes, econ�micamente estancado, culturalmente fragmentado y pol�ticamente sometido a lo que considera el pensamiento ‘woke’

En abril de 2005, el fil�sofo franc�s Bernard-Henri L�vy, que entonces estaba en el apogeo de su popularidad como intelectual p�blico, dio una conferencia en la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Johns Hopkins, en Washington. En el turno de preguntas, la �ltima que le hicieron fue «�cree usted que Europa va a poder evitar convertirse en Eurabia?». Henri L�vy respondi� con una frase: «�Cree usted que California va a poder evitar convertirse en Mexifornia?». A continuaci�n, dio las gracias, se despidi� y se fue a una cena en su honor en el hotel Mandarin Oriental.

Henri L�vy no ten�a mucha una preocupaci�n por Eurabia ni por Mexifornia. Tampoco su anfitri�n, Francis Fukuyama, un republicano moderado y defensor de la legalizaci�n de los inmigrantes indocumentados, cuya familia fue internada en un campo de trabajo durante la Segunda Guerra Mundial por el delito de ser japoneses. En aquellos d�as, el entonces presidente, el republicano George W. Bush estaba quemando toda su cantidad de capital pol�tico para legalizar a los indocumentados. No consigui� nada por la oposici�n tanto de una parte del Partido Republicano como del sector m�s cercano a los sindicatos del Partido Dem�crata.

20 a�os m�s tarde, la palabra Eurabia es lo �nico que falta en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Estados Unidos, el documento que fija la jerarqu�a de amenazas y prioridades estrat�gicas de ese pa�s. En �l, la Casa Blanca advierte de que Europa corre el riesgo de un «borrado civilizatorio», que tendr�a su origen en tres procesos simult�neos: una inmigraci�n que erosiona la cohesi�n social, una falta de crecimiento persistente, y la «supresi�n de la libertad pol�tica y de la soberan�a». Washington ve irrelevante a una Europa envejecida, habitada por �rabes, africanos y latinoamericanos, culturalmente fragmentada, pol�ticamente sometida al llamado pensamiento woke y econ�micamente estancada. Por ello considera que ser�a un socio cada vez menos fiable para EEUU. Es el camino de la extinci�n.

El documento, sin embargo, no define qu� es civilizaci�n, lo que deja claro es que su mensaje es pol�tico. La NSS deja claro que una parte dominante del Gobierno de Donald Trump ve a Europa como el verdadero enemigo, con su cultura de izquierdas y multiculturalista. La ferocidad del ataque es notable, porque �ste es un continente aliado de EEUU. Washington tiene en Europa 70.000 soldados dentro de una alianza militar, la OTAN, en la que un ataque contra uno de los miembros lo es contra todos. La �nica ocasi�n en la que se invoc� esa cl�usula no fue para defender a ning�n pa�s europeo, sino a EEUU tras los atentados del 11-S, hace 24 a�os. Y la dependencia es mutua. El ca��n de los 8.900 archifamosos tanques M-1 que tiene el Ej�rcito estadounidense es fabricado por la empresa de ese pa�s Watervliet Arsenal… pero bajo licencia de la alemana Reihnmetal.

Si se contrastan las afirmaciones de la NSS con los datos demogr�ficos, econ�micos y sociales, el diagn�stico se vuelve m�s inc�modo para quien lo formula y se genera la impresi�n de que �ste no es un choque de civilizaciones, sino un choque dentro de la misma civilizaci�n. Los n�meros indican que EEUU comparte casi todos los problemas estructurales que atribuye a Europa. El tal�n de Aquiles europeo no es la inmigraci�n, la cultura, ni la econom�a, sino algo m�s prosaico: la incapacidad para crear empresas que crezcan.

EEUU tiene raz�n cuando dice que Europa envejece. Pero no es una excepci�n. Es la norma hist�rica. Cuanto m�s rica y educada es una sociedad, menos hijos tiene. La pr�ctica totalidad de los pa�ses del mundo, con la excepci�n de �frica subsahariana y de Asia central, tienen una tasa de fertilidad inferior a los 2,1 hijos por mujer, que es el m�nimo necesario para garantizar el mantenimiento de la poblaci�n.

Chad (6,1 hijos por mujer), Mali (5,6) o Afganist�n (4,8) no tienen cheque beb�, empleos estables, viviendas baratas o programas de conciliaci�n. M�s bien al contrario. Eso son pol�ticas europeas (ni siquiera estadounidenses, donde no existe el derecho a baja por maternidad). Seg�n Eurostat, la tasa de fecundidad de la UE fue de 1,38 hijos por mujer en 2023. Espa�a (1,12), Italia (1,24) y Alemania (1,46) est�n entre los pa�ses con menor natalidad del mundo. Francia, durante d�cadas presentada como excepci�n europea, ha ca�do tambi�n hasta 1,66. Y la otra excepci�n, el pa�s occidental que siempre era un campe�n de la natalidad, ha ca�do m�s que Francia.

�se pa�s es EEUU, donde, seg�n los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC, seg�n sus siglas en ingl�s), la natalidad cay� en 2023 a 1,62 hijos por mujer, el nivel m�s bajo desde que existen registros. Seg�n el CDC, «la fecundidad contin�a descendiendo». Durante d�cadas, EEUU fue una anomal�a demogr�fica: m�s joven, m�s din�mico, con familias m�s numerosas. Esa excepcionalidad ha desaparecido. Hoy est� alineado demogr�ficamente con Europa. Una encuesta de la Universidad de Chicago revela que el porcentaje de estadounidenses que consideran «muy importante» tener hijos ha ca�do del 59% en 1998 al 24% en 2023. Otros datos del mismo estudio probablemente provocar�an urticaria en los autores del NSS: en esos 25 a�os, el patriotismo ha ca�do del 64% al 38%; y la religi�n, del 62% al 39%. Lo �nico que ha subido es el aprecio al dinero, del 31% al 44%.

Esas cifras apuntan a dos verdades problem�ticas. Una, que «es dif�cil aceptar que la gente tiene menos hijos porque quiere», como afirmaba el pasado verano el columnista del Financial Times Janan Ganesh, que es un buen ejemplo de la inmigraci�n, ya que naci� en Nigeria en 1982, en una familia de refugiados tamiles de Sri Lanka que hab�an huido del pa�s escapando de la guerra civil. La otra es que la inmigraci�n no es una opci�n ideol�gica, sino una necesidad aritm�tica.

Ni siquiera los pepinillos en vinagre se salvaron. «Los hijos de inmigrantes son a menudo alimentados con pepinillos y otras comidas impropias, lo que les lleva a sufrir des�rdenes nerviosos», dice un libro de higiene escolar de 1910, una �poca en la que se asociaba esa comida a los jud�os, los alemanes, y los rusos. Y hay casos mucho m�s tr�gicos. Despu�s de la negra, la comunidad que sufri� m�s linchamientos y asesinatos del Ku Klux Klan fue la cat�lica. Para el ex asesor para cuestiones hispanas de Barack Obama Luis Miranda, «los estadounidenses pierden el control cuando uno de cada siete habitantes del pa�s ha nacido en el extranjero». La cifra actual ronda el 15%, o sea, uno de cada 6,6. As� que todo podr�a formar parte de una pauta hist�rica. Eso, si uno no cree la frase de Oscar Wilde, «la Historia no se repite; son los historiadores los que se repiten».

Pero la inmigraci�n no resuelve el problema demogr�fico. Primero, porque, aunque las mujeres inmigrantes tienen m�s hijos que las del pa�s, su «fecundidad converge hacia la media del pa�s de acogida con el tiempo y entre generaciones», seg�n afirma la Oficina de Estad�sticas Nacionales (ONS) del Reino Unido.

Por tanto, ni Europa ni EEUU pueden externalizar su problema demogr�fico a la inmigraci�n. Ambos necesitan inmigrantes para evitar un colapso r�pido, pero ninguno ha encontrado una soluci�n estructural al descenso de la natalidad. S�mese a ello que Europa -y Espa�a- est� junto a �frica, la �ltima regi�n del mundo donde el crecimiento de la poblaci�n es el m�s alto del mundo. Y los pa�ses africanos con mayor natalidad son, precisamente, los que forman la frontera sur del Sahara, lo que los sit�a cerca de Europa.

Eso lleva al impacto cultural de la inmigraci�n. Los irlandeses, italianos, jud�os o alemanes que llegaron a EEUU no eran tan diferentes de los brit�nicos y alemanes que ya llevaban tiempo poblando el pa�s. Con esas poblaciones, los datos no indican eso.

Las grandes encuestas comparadas del European Social Survey, el World Values Survey, y el Pew Research Center muestran que los inmigrantes apoyan mayoritariamente la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos, a menudo m�s que la poblaci�n nativa, especialmente cuando proceden de reg�menes autoritarios.

Pero hay una excepci�n a esa norma: las cuestiones de g�nero, familia, religi�n y roles sociales, sobre todo entre los de primera generaci�n. A partir de la segunda generaci�n, esas diferencias van desapareciendo, seg�n el Instituto de Estudios Demogr�ficos (INED) franc�s y la Oficina Federal de Migraci�n y Refugiados (BAMF). Eso est� muy bien. Pero si la poblaci�n de primera generaci�n es el 16% de la poblaci�n (EEUU), el 15% (Reino Unido) o el 14% (Francia), es un problema. Esto indica que la inmigraci�n introduce cambios culturales, especialmente en g�nero, secularismo y familia, y que esos cambios se van diluyendo con el tiempo. La cuesti�n es, evidentemente, hasta d�nde se van a diluir, y m�s si el flujo de nuevas entradas no puede caer.

De nuevo, esto afecta a EEUU tanto como a Europa. Y tambi�n a su propia �lite. Trump ha dedicado todo tipo de insultos – «horrible», «ruin», «desagradable»- al alcalde musulm�n de Londres, Sadiq Khan, pero parece llevarse muy bien con el alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani, pese a que este �ltimo es mucho m�s izquierdista.

Su vicepresidente, J. D. Vance, brome� en julio de 2024 que, con la victoria del Partido Laborista, el Reino Unido «puede convertirse en el primer pa�s musulm�n con armas nucleares». Es una frase que resume lo que parece subyacer a la NSS. Pero el primer ministro laborista brit�nico, Keir Starmer, es ateo, est� casado con una jud�a y sus hijos est�n siendo educados en la tradici�n judaica. En cuanto a Vance, que dej� de ser ateo para convertirse al catolicismo en 2019, dos a�os antes de entrar en la primera fila de la pol�tica, est� casado con una mujer hind� que mantiene su religi�n, aunque los hijos del matrimonio son cat�licos. Despu�s de todo eso �qui�n puede dar lecciones a qui�n de «borrado civilizatorio»?

El otro gran reproche de la NSS es econ�mico, ya que afirma que Europa ser�a un actor cada vez m�s irrelevante frente a EEUU. Aqu� el diagn�stico vuelve a ser parcial. Si se observa el PIB per c�pita ajustado por poder adquisitivo (el llamado PPP), la brecha transatl�ntica existe, pero no se ha abierto mucho desde 2010. El crecimiento europeo ha sido m�s lento, s�, pero no catastr�fico.

Y, adem�s, como dec�a Winston Churchill, «solo creo en las estad�sticas que yo mismo he falsificado». EEUU y Europa no miden el crecimiento de sus econom�as de la misma manera. Aunque ambos emplean los llamados precios hed�nicos, un mecanismo que reduce el aumento del coste de la vida en funci�n del avance tecnol�gico, EEUU lo aplica de manera m�s generalizada que la UE. Y, adem�s, como en su econom�a la tecnolog�a tiene mucho m�s peso, eso le ben�fica.

Como sol�a comentar con sorna hace 25 a�os el primer economista-jefe del Banco Central Europeo (BCE), el alem�n Otmar Issing, «EEUU no aplica los precios hed�nicos a la construcci�n, a la agricultura, ni a los servicios de hosteler�a, porque ah� el avance tecnol�gico es m�nimo y la productividad no crece. Solo lo hace con el software». As�, tel�fonos inteligentes, ordenadores, tablets, redes sociales y ahora inteligencia artificial (IA) empujan el crecimiento estadounidense. Seg�n la OCDE, si la UE empleara el modelo estad�stico de EEUU, su PIB crecer�a dos d�cimas m�s al a�o. Eso reducir�a la diferencia de crecimiento de EEUU a casi la mitad. Porque �sa es otra: EEUU cada vez crece menos. Ha pasado del 4% con la Presidencia de Bill Clinton al 2% de media en la �ltima d�cada. Eso lo acerca peligrosamente al 1,5% de la UE en ese mismo periodo. Al igual que con la demograf�a, los dos bloques del Atl�ntico empiezan a parecerse en el crecimiento econ�mico.

El verdadero problema europeo est� en la din�mica empresarial. No es que Europa no cree empresas. De hecho, crea casi tantas como EEUU porque, de nuevo, en ese pa�s basta para que una sociedad sea constituida para que se cuente como una empresa nueva, aunque no tenga actividad. Adem�s, muchos aut�nomos estadounidenses tienen empresas y, de hecho, existe una panoplia legal de sociedades unipersonales. El problema de Europa es que no crea suficientes empresas que crezcan.

Como explica un estudio dirigido por el economista de la Universidad de Maryland John Haltiwanger, «la principal divergencia entre EEUU y Europa no es la creaci�n de nuevas empresas, sino la capacidad de las [empresas] j�venes para escalar». Las causas son conocidas por todo el que haya le�do alg�n art�culo sobre el informe Draghi: mercados de capital menos profundos, especialmente de capital-riesgo, legislaci�n laboral r�gida, fragmentaci�n regulatoria, y reg�menes de insolvencia m�s costosos y estigmatizadores. El resultado est� a la vista: las ocho empresas que m�s valen de la Bolsa de Estados Unidos tienen de promedio 37 a�os de edad. Las ocho que m�s valen de la Bolsa de Londres, 152 a�os. Las del Ibex, 103.

El atraso tecnol�gico europeo es, en este momento, el mayor problema que afronta el viejo continente. Como explica a EL MUNDO el ex jefe militar de la OTAN, el almirante neerland�s Rob Bauer, «la estrategia de Europa ha sido obtener la defensa de Estados Unidos, la energ�a de Rusia y las materias primas de China».

As�, el subtexto de la NSS es que Estados Unidos habr�a encontrado un equilibrio virtuoso entre inmigraci�n, crecimiento y valores. Los datos invitan a matizar ese optimismo. EEUU tiene una fecundidad tan baja como la europea. Depende crecientemente de la inmigraci�n para sostener su mercado laboral. Vive una polarizaci�n cultural extrema. Y ha visto caer su esperanza de vida y aumentar de forma brutal sus desigualdades internas.

No es un problema de civilizaci�n ni de demograf�a, sino institucional. Europa ha logrado que su esperanza de vida sea muy superior a la de Estados Unidos donde, adem�s, �sta ha ca�do y se encuentra hoy por debajo de su nivel de hace 16 a�os. Y, aunque EEUU tiene el liderazgo tecnol�gico del mundo, la web de noticias Axios informaba esta semana de que en Louisiana se est�n poniendo de moda las recetas de cocina de la Gran Depresi�n de los a�os 30 debido a la imposibilidad de la parte m�s pobre de la poblaci�n de comprar comida. Parece poco probable que los espa�oles se resignaran a resucitar las recetas de la posguerra a cambio de tener un gigante de la IA valorado en 750.000 millones de d�lares como OpenAI.

El debate europeo sobre inmigraci�n no es una anomal�a, sino un anticipo del debate estadounidense. Europa no se est� borrando. Est� envejeciendo, transform�ndose y enfrent�ndose a tensiones reales, igual que Estados Unidos. Las civilizaciones -o lo que quiera que sean- son seres vivos, no piezas de museo. Eso significa que pueden ser borradas, desde luego, pero, tambi�n, que est�n transform�ndose constantemente.

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