Para aquellos migrantes que buscan protección ante la guerra o la persecución en sus países de origen, las reglas del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (Uscis, por sus siglas en inglés) marcan diferencias importantes entre los refugiados y los asilados. Aunque ambas figuras permiten escapar de situaciones de riesgo, el proceso cambia por completo según la situación del solicitante.
Actualmente, existen dos vías posibles para tramitar este estatus legal en los Estados Unidos:
El estatus de refugiado también se otorga a personas extranjeras que solicitan protección fuera del territorio estadounidense.
El propio Uscis señala que el proceso suele comenzar a través del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) o mediante una embajada estadounidense en el extranjero.
A diferencia de los asilados, estos deben superar más verificaciones de antecedentes, controles de seguridad y entrevistas antes de pisar suelo estadounidense.
Una vez que el gobierno de Estados Unidos autoriza su entrada, el refugiado recibe beneficios inmediatos. Este perfil cuenta con autorización de trabajo desde el momento de su llegada y recibe asistencia para el reasentamiento, como apoyo en vivienda, atención médica y servicios de empleo. Además, la ley exige que el refugiado solicite su green card tras cumplir un año de estancia legal en el país.
Los refugiados son examinados antes de entrar al país, mientras que los asilados permanecen en territorio estadounidense cuando el Uscis o los tribunales evalúan su caso.
Este factor genera diferencias en los tiempos de procesamiento, dado que el sistema de asilo enfrenta retrasos significativos por la saturación de las cortes migratorias.
El éxito del trámite, en los dos casos, depende de la capacidad para probar que el regreso al país de origen representa una amenaza real para la vida del individuo por los motivos mencionados anteriormente. De no ser así, la agencia podría rechazar el pedido.

