El demógrafo más influyente de EEUU advierte: la humanidad se asoma a su primer declive de población desde la Peste Negra, a causa de un enigmático desplome mundial del deseo de tener hijos que nadie ha sabido revertir

Una noche sofocante de mediados de los años 60, un joven entomólogo de Stanford cruzó Delhi en taxi y creyó ver el futuro: «Gente comiendo, gente lavándose, gente durmiendo», escribiría después, gente desbordando cada calle de la ciudad. De aquel espanto nació en 1968 La bomba demográfica, el superventas que pronosticaba hambrunas con cientos de millones de muertos para la década siguiente y que convirtió a Paul Ehrlich en estrella televisiva, invitado más de 20 veces al show de Johnny Carson, el rey de los late night. Las hambrunas jamás llegaron. Medio siglo después, el pánico se ha invertido y los demógrafos, en lugar de contar multitudes, cuentan cunas vacías.

Nicholas N. Eberstadt (Nueva York, 1955) desconfió de aquel consenso desde el principio. Titular de la cátedra Henry Wendt de Economía Política en el American Enterprise Institute de Washington, lleva medio siglo estudiando la población mundial y anticipó la implosión demográfica cuando casi nadie la veía venir en un estudio publicado hace tres décadas bajo el título World Population Implosion? Autor de Men Without Work y del ensayo The Age of Depopulation (Foreign Affairs), que bautizó la era que ahora comienza, nos recibe en Madrid horas antes de pronunciar en la Fundación Ramón Areces una conferencia cuyo título suena inevitablemente a ultimátum: «La despoblación mundial: estemos preparados o no, ya está aquí».

Japón inscribió en 2024 menos nacimientos que en 1873, cuando el país estrenaba la era Meiji. La Francia metropolitana registró en 2023 apenas dos tercios de los bebés que trajo al mundo en 1806, el año en que Napoleón venció en Jena y Hegel se sobrecogió al verle a caballo. Corea del Sur ha quemado más de 100.000 millones de dólares en políticas natalistas para desplomarse hasta los 0,7 hijos por mujer y el recuento de nacimientos que Pekín publicó este año dejó atónitos a los demógrafos, con una caída que el propio Eberstadt compara con las que siguen a una hambruna o una plaga. España, con sus 1,1 hijos por mujer, figura entre los alumnos más aventajados de una clase a la que ya asiste, a distinta velocidad, el 70% de la humanidad. Sobre ese paisaje conversamos con un hombre que, pese a todo, no cede ni al alarmismo ni al consuelo.

«El estado del bienestar español genera la impresión de que la llegada de inmigrantes resuelve el problema de la despoblación, pero en realidad solo lo aplaza»

«Soy bastante escéptico acerca de las políticas natalistas, mi impresión es que ninguna conseguirá gran cosa a menos que consiga cambiar la mentalidad de la sociedad»

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