n Venezuela, dos terremotos consecutivos de 7.2 y de 7.5 puntos en la escala de Richter causaron destrucción masiva en el estado litoral de La Guaira y en la capital Caracas. Se observan edificios y casas, en algunos casos cuadras enteras, que han colapsado. Sin duda, este es el peor desastre natural que ha sufrido Venezuela en su historia reciente.

Los residentes se organizan, la solidaridad está presente, el tejido social se manifiesta. Se escucha el grito de rescatistas, en su mayoría voluntarios de la misma comunidad, buscando personas atrapadas entre los escombros. Mas tarde llegaron rescatistas voluntarios de otras partes de Venezuela y de otros países.

Cientos de personas han perdido sus vidas; miles más han perdido sus hogares, sus sitios de empleo. La ONU estima que más de 1.8 millones de personas han sido afectadas. Habrá una Venezuela antes del 24 de junio y una Venezuela después del 24 de junio.

La situación es crítica; lo peor está por venir. Habrá que enterrar los muertos, pero ¿dónde? Las morgues están saturadas. Con tantos cadáveres, familiares pasan días sin encontrar a sus difuntos, obligados a buscar entre los cuerpos. La ONU ha ordenado 10 mil bolsas para cadáveres. Los crematorios se aprovechan y cobran precios exorbitantes para cremar los muertos. Muchos temen la propagación de infecciones peligrosas.

¿Y qué de la reconstrucción? Es imposible pensar que se proponga reconstruir de la misma forma sobre los abanicos aluviales que constituyen los terrenos inestables en La Guaira y sus alrededores.

Las críticas no se dejaron esperar. Se desata una campaña por cómo interpretar lo ocurrido. En los medios sociales se intenta asociar los edificios derrumbados y cualquier retraso en la ayuda con el gobierno actual. En los medios, docenas de personas pretenden ser expertos de la construcción.

La realidad es que culpa habrá para todos. Sin duda, algunos de los edificios que colapsaron fueron construidos en los últimos años. Pero otros fueron construidos en las décadas de los 70 y 80. Ambos se fracturaron y ambos se derrumbaron. Ningún gobierno invirtió lo necesario en sistemas de monitoreo o estaciones sismológicas en la zona.

El terremoto agrava una situación que ya era precaria en Venezuela. Cómo se financiará la reconstrucción. Desde la invasión del 3 de enero, Venezuela tiene un gobierno tutelado por Washington. Venezuela no es un país soberano. Wa-shington controla la venta del petróleo venezolano y deposita los ingresos en una cuenta manejada por el gobierno de Donald Trump. No existe transparencia; ni por parte del gobierno de Delcy Rodríguez ni por parte del gobierno de Trump. Cómo se puede efectuar una reconstrucción sin saber con qué se cuenta. ¿Tendrá Washington que aprobar los fondos utilizados en la reconstrucción?

La situación es crítica. De inmediato, Washington debe extender el estatus de protección temporal (TPS) para todos los inmigrantes venezolanos en Estados Unidos. Las deportaciones en este contexto agravan la tragedia, como ocurrió con un vuelo de deportados que llegó a La Guaira el 24 de junio, justo antes del terremoto. Del aeropuerto fueron trasladados a un centro de procesamiento que colapsó y donde docenas perecieron. Mas allá de este incidente, aun después del terremoto, ICE, la agencia de inmigración, sigue deteniendo a venezolanos en Estados Unidos y prepara su deportación.

Más allá de la inmigración, tanto Wa-shington como Europa deben remover las sanciones, que no permiten que Venezuela comercialice sus exportaciones. Además, debe permitir acceso a crédito, que será necesario para financiar la reconstrucción. Inglaterra y Portugal deben permitir acceso a depósitos bancarios del gobierno venezolano que han congelado y que ahora deberían ser utilizados para la reconstrucción. Todo esto debe ocurrir bajo estricta transparencia.

La etapa de rescate está llegando a su conclusión. Lo que ahora enfrenta el país será un duelo nacional al iniciar los entierros de miles de personas. El dolor humano será intenso. La próxima etapa será reconstrucción no sólo de las zonas afectadas, sino del país en sí.

Habrá otras crisis; se necesita un modelo distinto de cómo construir en espacios precarios como los que existen en el litoral venezolano. No se trata sólo de cómo construir edificaciones, se trata de cómo organizamos el espacio físico y el espacio social. Como en México después del terremoto de 1985, tendrá que ser el pueblo el que exija los cambios necesarios en el país.

* Profesor emérito, Departamento de Historia, Pomona College

Shares:
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *