Las j�venes siguen inclin�ndose hacia la izquierda, pero los varones son m�s de derechas de lo que lo han sido en d�cadas.
Las corridas de toros fueron en su d�a el tema por excelencia de la guerra cultural para el partido de extrema derecha espa�ol Vox y algunos de sus votantes m�s mayores: una oportunidad para defender la santidad de la tradici�n frente al activismo progre de los derechos de los animales vitoreando al mejor torero del pa�s cuando dedic� su �ltimo toro al l�der de Vox, Santiago Abascal.
Pero ahora que el partido populista y antiinmigraci�n est� subiendo en las encuestas gracias al apoyo de los j�venes espa�oles, los l�deres de Vox se han dado cuenta de que las preocupaciones conservadoras de la vieja escuela, como la tauromaquia, han dejado de ser tan trascendentes.
Ahora, Vox ha aprendido a sacar partido de los agravios econ�micos y sociales de los hombres, que se han convertido en la caracter�stica definitoria de una nueva corriente del populismo espa�ol.
«Nunca me gust� la pol�tica, pero empec� a votar cuando me he dado cuenta de la situaci�n en la que se encuentra el pa�s» se�ala Adri�n Domingo, de 30 a�os, simpatizante de Vox y vendedor de metales, mientras se toma una cerveza con amigos en Teruel, Arag�n, cerca de la emblem�tica estatuilla de un toro de la ciudad. «Es un desastre».
Las mujeres j�venes siguen inclin�ndose hacia la izquierda, pero se ha producido un cambio notable entre los hombres: se identifican como m�s de derechas que cualquier otro grupo de j�venes de los �ltimos 40 a�os.
Muchos se ven a s� mismos como v�ctimas del presidente socialista Pedro S�nchez y de sus pol�ticas econ�micas y de inmigraci�n. Al mismo tiempo que S�nchez celebra que Espa�a haya crecido m�s r�pido que cualquier otra gran econom�a avanzada en los �ltimos dos a�os, muchos j�venes se sienten frustrados y sin esperanza.
Un grupo de artistas de rap populistas y de podcasters e influencers de extrema derecha se dedican a amplificar este descontento. Hermann Tertsch, eurodiputado de Vox, se�ala al FT que «los j�venes de hoy en d�a ven el abismo que existe entre la realidad y el discurso oficial. Es un insulto absoluto».
Domingo y sus dos compa�eros de copas dicen tener un sinf�n de motivos para este resentimiento: el vertiginoso aumento del precio de la vivienda; la inmigraci�n ilegal, a la que vinculan y culpan del aumento de la delincuencia; el deterioro de los servicios p�blicos; las leyes «feministas» que, dicen, anteponen los derechos de las mujeres a los de los hombres; y la corrupci�n, incluidas las acusaciones contra la esposa de S�nchez y dos antiguos colaboradores de su partido socialista, el PSOE (todos ellos niegan haber cometido irregularidad alguna).
Si hoy se celebraran elecciones generales, Vox —que se hace eco precisamente de estas preocupaciones— obtendr�a m�s votos que cualquier otro partido entre los hombres de entre 18 y 34 a�os, seg�n el CIS, el instituto p�blico de sondeos en Espa�a.
En cuanto a las corridas de toros, Domingo dice que es aficionado, pero que le preocupa m�s como medio de subsistencia que como cuesti�n cultural. «Una gran parte de Espa�a vive de la ganader�a», asegura. «Si se acaba con eso, �qu� pasa? Pues que la gente se empobrece m�s todav�a. Puedo entender que a algunas personas no les guste que maten al toro. Pero el mundo del toro da de comer a mucha gente».
Su amigo Francisco Royo, de 31 a�os, que trabaja para una empresa de mudanzas en Teruel, una localidad apartada, dijo que antes no prestaba mucha atenci�n a la pol�tica. «Pero es que el Partido Socialista es tan malo que, poco a poco, me est�n entrando ganas de fastidiarles». Y, seg�n ellos, votar a Vox es la forma de hacerlo —y de subirse a ola de trumpismo que est� arrasando por toda Europa.
«Formamos parte de un movimiento cultural y pol�tico global», asegura Tertsch. Uno de los leitmotivs del movimiento es la pol�tica de l�nea dura contra la inmigraci�n, con la que comulga Jorge Montero, un estudiante de 23 a�os y votante de Vox que reside en un barrio acomodado de Barcelona.
Le preocupa el aumento de inmigrantes «a los que no les gusta nuestra cultura o que no son capaces de acostumbrarse a ella». Especialmente, rechaza a «los delincuentes detenidos por la polic�a cuyos «nombres no son espa�oles» y respalda la petici�n de Vox de imponer controles fronterizos m�s estrictos y m�s deportaciones. «No es cuesti�n de ser racista. Es que no est�s cumpliendo mis leyes», dice Montero.
Vox fue fundado en 2013 por exmiembros del Partido Popular (PP), la principal fuerza conservadora de Espa�a, y sus primeros seguidores eran urbanitas acomodados que vest�an chaquetas Barbour y «chicos j�venes que hac�an fardos de heno en el campo», como lo describi� un responsable del partido.
Sin embargo, en el �ltimo a�o, ha comenzado a ganarse el apoyo de hombres de clase trabajadora que antes habr�an votado a la izquierda. Desde el pasado diciembre, Vox ha obtenido sus mejores resultados electorales en tres elecciones auton�micas, alcanzando el 17% en todos los grupos de edad en Extremadura, el 18% en Arag�n y, el domingo pasado, el 19% en Castilla y Le�n.
Estos porcentajes est�n por debajo de las de sus hom�logos ideol�gicos en otros lugares: Reform UK lidera las encuestas con un 26%, el Rassemblement National en Francia va en cabeza con un 34% y Alternativa para Alemania se sit�a en el 24%, seg�n la encuesta de Politico. Pero el descontento de los j�venes est� dando impulso tambi�n a Vox.
Rub�n D�ez, profesor de sociolog�a de la Universidad Complutense de Madrid, afirma que «hay un malestar que no es solo econ�mico. Tambi�n es emocional. Eso empuja a la gente hacia opiniones m�s radicales. Piensan que las instituciones y la democracia no funcionan para ellos».
Vox ocupa el tercer puesto en las encuestas y es poco probable que gane las pr�ximas elecciones generales, previstas para agosto de 2027. Pero si S�nchez pierde, como apuntan hoy las encuestas, Vox probablemente se convertir� en un partido decisivo y llaves para que el PP pueda gobernar en mayor�a formando un bloque o coalici�n de derechas.
Frente a este discurso de la ultraderecha, S�nchez presenta a Vox como una odiosa amenaza para los valores democr�ticos. Cuando la semana pasada encabez� la oposici�n occidental a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Ir�n, Abascal le acus� de apoyar a los «ayatol�s tir�nicos» y de «poner en peligro las relaciones econ�micas con Estados Unidos». S�nchez respondi� que Vox apoyaba a «aquellos que est�n prendiendo fuego al mundo y luego se quejan del humo».
Hace una d�cada, la pol�tica espa�ola estaba en un escenario opuesto de: el PP dirig�a un gobierno de centroderecha plagado de casos de corrupci�n, el desempleo superaba el 20% y los insurgentes pol�ticos formaban parte de la izquierda radical.
Pablo Iglesias lideraba a esos izquierdistas como fundador de Podemos, un partido cuyo voto se ha desplomado en estos a�os. Vox hoy, explica, forma parte de la «fascistizaci�n de la derecha» m�s amplia. Pero reconoce que la derecha est� ganando porque se ha adaptado a las nuevas reglas del juego. «En sociedades tan saturadas de medios como la nuestra, la pol�tica es una lucha ideol�gica», dice Iglesias. «Tiene que ver con lo que se dice y se repite en la televisi�n y en las redes sociales. En esto, la extrema derecha ha sido absolutamente magistral. Entiende que lo que importa es el arte de dominar las emociones».
Entre las estrellas del populismo de derechas en Internet se encuentran Angie Corine, una rapera cuyos v�deos mezclan la oposici�n a S�nchez con un patriotismo de bandera, y «El Jincho», un rapero tatuado cuya canci�n S�nchez el perro, lanzada este mes en las redes, lleva el apodo insultante del presidente y lo ridiculiza por su corrupci�n.
Hay podcasters como V�ctor Dom�nguez, conocido como Wall Street Wolverine, cuyos programas mezclan su consternaci�n por la inmigraci�n musulmana con consejos de inversi�n, y Daniel Esteve, una figura de las redes sociales y empresario que ha desalojado a miles de ocupantes ilegales y arremete contra S�nchez por «mimarlos». Vito Quiles, un periodista que se dedica a organizar enfrentamientos improvisados con pol�ticos y sus seguidores, goza de especial popularidad entre los j�venes.
Las redes sociales tambi�n han acogido oleadas de nostalgia por el dictador Francisco Franco, aunque ese sentimiento es puramente vicario para quienes nacieron mucho despu�s de su muerte, hace 50 a�os. Los memes sugieren que la econom�a era m�s fuerte y las calles m�s seguras bajo el aut�crata -unas afirmaciones de dudosa veracidad, y que adem�s ignoran el pisoteo de las libertades pol�ticas y los derechos humanos sobre la que gir� la dictadura franquista-.
Los pol�ticos de Vox se indignan ante la menci�n del dictador. «Es como decir que los votantes de Reform son admiradores de Oswald Mosley», dice uno de ellos, refiri�ndose al l�der del partido fascista brit�nico de la d�cada de 1930.
Sin embargo, la popularidad de los memes sobre Franco refleja algo m�s profundo, seg�n Paco Camas, responsable de opini�n p�blica en Espa�a de la empresa de sondeos Ipsos. «Las encuestas revelan que est� aumentando el n�mero de j�venes que creen que un sistema autoritario puede ser a veces mejor que uno democr�tico».
Las quejas por la econom�a siguen siendo cruciales para el �xito de Vox. Aunque la tasa de desempleo en Espa�a est� por debajo del 10% por primera vez en 18 a�os, los j�venes est�n enfadados porque los salarios se estancan mientras que los costes de la vivienda se disparan.
Adri�n Garc�a, de 20 a�os, estudiante de Empresariales en un campus universitario de Teruel, afirma: «Me doy cuenta de que dentro de dos a�os estar� trabajando y a�n as� no podr� comprarme una casa. No podr� tener hijos porque no podr� mantenerlos. Para m�, esas cosas son fundamentales». Apoya a Vox, con la esperanza de que sus promesas de recortar los impuestos «abusivos» y el despilfarro del sector p�blico eviten ese futuro sombr�o.
Su afici�n por las corridas de toros, que considera «poco �ticas», es secundaria. El a�o pasado, cuando el torero Morante de la Puebla dedic� su �ltimo toro al l�der de Vox, Abascal, le dijo: «Gracias por todo lo que haces por nosotros».
Bajo la mirada del torito de Teruel, Domingo a�n no se muestra agradecido. «Tendremos que ver c�mo le va a Vox. Pero hay que darles una oportunidad», dice. Su amigo Royo a�ade: «Es imposible que lo hagan peor que los que hay ahora».
Con informaci�n adicional de Carmen Muela en Madrid
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