En cada mail intercambiado con Matthew D. Lieberman�aparecen tres citas, que complementan a su firma. Una de ellas, del neurocient�fico�Bobby Azarian, dice: �Ser esc�ptico significa exigir pruebas, no ignorarlas�. La segunda pertenece al f�sico te�rico Richard Feynman: �Prefiero tener preguntas sin respuesta que respuestas incuestionables�. Con la tercera se rompe la din�mica cient�fica. Se trata de una frase de John Lennon, y sin embargo encaja perfectamente�con la vocaci�n social de su desempe�o acad�mico. �En el colegio�me preguntaron qu� quer�a ser de mayor. Escrib� «feliz». Me dijeron que no hab�a entendido la tarea, y yo les dije que ellos no entend�an la vida�, es lo que habr�a dicho el Beatle, aunque hay quien apunta que sobre esta declaraci�n hay ciertas dosis de leyenda.

En cualquier caso, Social (Por qu� nuestros cerebros est�n programados para conectarse) es el t�tulo de su libro, que Capit�n Swing acaba de editar en espa�ol. Originalmente escrito en el a�o 2013, este trabajo, resultado de sus estudios en neurociencia cognitiva y social�en la universidad de California, aborda la necesidad evolutiva de nuestro cerebro de entablar relaciones con otros miembros de nuestra especie. Hace trece a�os, este libro fue interesante. En el a�o 2026, resulta imprescindible en un mundo en que las relaciones sociales interpersonales languidecen. Desde su despacho de la Universidad de UCLA, explica su trabajo y su af�n por tratar de reconectar comunidades en una charla que se prolonga durante una hora y que no fue a m�s porque la bater�a del tel�fono m�vil dijo basta.

—Ni el pulgar oponible ni ninguna otra cosa que hayamos aprendido en clases de biolog�a, lo que nos hace humanos es la capacidad �nica de nuestro cerebro para establecer relaciones.

—Durante d�cadas se asumi� que lo que nos hac�a especiales y �nicos en el reino animal era nuestra habilidad de pensar, de an�lisis, de razonamiento matem�tico. La capacidad de planear nuestro futuro y repasar nuestro pasado para aprender de �l. Todo es importante, no sugiero que no haya jugado un papel�relevante, pero solo con esto�pasar�amos por alto las demandas sociales del medio en el que a los seres humanos nos toc� desempe�arnos hace 50.000 a�os. Esto �ltimo fue realmente importante para que acab�semos por convertirnos en lo que somos. Ahora mismo, estamos en una habitaci�n, con aire acondicionado y todo tipo de comodidades. Absolutamente nadie podr�a haber logrado esto por s� solo. Todas las maravillas de las que disponemos a d�a de hoy surgen del trabajo en equipo, de que varias personas se juntasen para crear. Uno de los cambios clave en nuestro cerebro�fue esa capacidad de adaptarnos para manejar las relaciones sociales, entender que ampliar nuestro c�rculo nos permitir�a identificar oportunidades�dentro un espectro de personas. �Con qui�n podr�a realizar un buen trabajo?, �qui�n me va a proteger?, �d�nde est�n las amenazas?, �qui�n de los que me rodea�va a intentar robar mi comida? Aunque no nos tengamos que preocupar de esto ahora, seguimos mostrando esta habilidad para seguir din�micas sociales que no tiene ninguna otra especie.�Cuando el brit�nico Robin Dunbar empez� a fijarse en esto, descubri� que el mayor predictor de cambios en el tama�o del cerebro de los primates�se basaba en sus habilidades para lograr vivir en grupos m�s grandes.�

—Este libro se public� en su pa�s en el a�o 2013, cuando habit�bamos un mundo muy diferente al actual. En el 2026 vivimos cada vez m�s atomizados, cada vez m�s solos, �significa�esto que nuestro cerebro se va a hacer m�s peque�o?

—Para que algo acabe impactando en�cambios�dentro de una�especie tiene que afectar a�su descendencia.�A si esa descendencia logra o no sobrevivir. No lo s�, tal vez sea todo lo contrario y�la situaci�n actual que comentas�acabe�llev�ndonos hacia personas m�s extrovertidas y con mayor probabilidad de ser padres. Porque las personas que se a�slan no van a tener hijos�cuando,�antes de este paradigma, s� los habr�an tenido. No tengo ni idea, pero a d�a de hoy es el mejor pron�stico que podr�a ofrecerte en base a c�mo funcionan los cambios evolutivos. En cualquier caso, tengo la sensaci�n de que el p�ndulo se est� moviendo y que acabar��en el otro lado del espectro.

—A que estamos ante un fen�meno generacional. El covid tuvo una incidencia enorme en este cambio porque, b�sicamente, los gobiernos cerraron todo. En Estados Unidos, las�escuelas�permanecieron clausuradas 18 meses. Mi hijo ten�a entonces 12 a�os y no pudo estar cara a cara con nadie, a excepci�n de un par de amigos con los que compart�a burbuja. �C�mo afecta�algo as� al desarrollo de un preadolescente? Fuimos testigos de�un gran cambio que sufri� toda una generaci�n de estudiantes como resultado de la pandemia. Y creo que ahora estamos ante el final de este fen�meno. El aislamiento tuvo un impacto enorme en aquellos individuos que estaban en plena pubertad. Y cuanto m�s avanzada estuviese esa pubertad, peor, porque se les priv� de las important�simas oportunidades para relacionarse que ofrece un entorno social cuando tienes 15, 16 o 17 a�os. El resultado fue que, cuando estos estudiantes llegaron a�la universidad, eran extremadamente serios. No�me refiero a un sentido acad�mico, sino que resultaron ser personas con poco sentido del humor, aparentemente ajenos a que el mundo puede ser un lugar divertido�el cual afrontar con optimismo. Pero en el �ltimo a�o mis colegas y yo hemos detectado�lo que parecen ser las �ltimas oleadas, y que los estudiantes�reci�n incorporados vuelven a ajustarse al patr�n que conoc�amos. Hay cosas que vienen y van;�lo profundo del cambio que todos vivimos�no se traduce en que hoy podamos hablar desde diferentes continentes por videollamada o que�se pueda teletrabajar, sino en las consecuencias de todo esto. Y tambi�n�las hay�negativas.

—No es que no se me ocurra ninguna consecuencia mala de aquello, �pero en qu� ejemplo est� pensando?

—Las personas tenemos necesidades que compiten entre ellas y la conexi�n social es una de ellas. Creo que�sigue sin d�rsele�la importancia que merece, lo�cual nos lleva a actitudes que socavan esta necesidad. Esto lleva sucediendo desde los setenta. Llevamos muchos a�os movi�ndonos hacia vidas cada vez m�s aisladas. Existe un libro muy famoso de Robert Putnam llamado Bowling Alone (en espa�ol, Jugando solo a los bolos) que trata la decadencia de todo tipo de comunidades que sol�an fomentar la uni�n entre personas. Es cierto que seguimos disponiendo de las iglesias y de otros lugares dedicados al culto, pero las ligas de bolos en las que las gente hac�a amigos han dejado de existir. Y era algo que�conectaba a la comunidad. En parte, esto se debe a que�hemos pasado a priorizar nuestras carreras. Tenemos todas estas teor�as de que ganar m�s dinero nos har� m�s felices, pero�con el tiempo acabaremos por darnos cuenta de que esto no funciona, del mismo modo por el que nos hemos dado cuenta de que no queremos que los ni�os est�n en las redes sociales por el da�o que les provocan. Al igual que ahora existen grandes movimientos para sacar a nuestros j�venes de las manos de los�algoritmos, en unos diez a�os habr� iniciativas similares para escapar de ese autoaislamiento que nos hemos impuesto. Porque no solo es da�ino a nivel emocional, sino que tampoco es positivo para nuestro cuerpo.

—�Se refiere a que la soledad se traduce en�signos f�sicos?

—Existe cada vez m�s evidencia que se�ala que estar aislado y sentir soledad provoca inflamaci�n en nuestro cuerpo. Y estar inflamado no es bueno. A m�s inflamaci�n, mayor riesgo de depresi�n y mayor riesgo de padecer todo tipo de enfermedades. En definitiva, aumenta el riesgo de muerte.�La inflamaci�n es el pilar central sobre el que est� orbitando la comunidad m�dica en la actualidad; estudiando si se trata del epicentro de un mont�n de consecuencias negativas. Si la soledad aumenta esta inflamaci�n�se debe a�un motivo realmente interesante. Se supone que es un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo. Si tienes una herida, act�a evitando que esa herida se infecte, mantiene a raya a todos los pat�genos que tratan de penetrar en el organismo.�Pero nuestro cuerpo parece interpretar esta soledad como una se�al de que no estamos viajando en grupo y, evolutivamente, viajar sin compa��a significaba ser m�s susceptible a ser atacado por un animal o a caerte y hacerte da�o sin que exista nadie que pueda auxiliarte. Es por eso que nuestros cerebros entienden que, cuando estamos solos, debemos preparar nuestro sistema inmunitario para protegernos en caso de que algo malo nos pase. Pero ahora, estas personas mantienen constantemente esta inflamaci�n activada. Literalmente, mueren prematuramente como consecuencia de esto.�

—Hoy, en vez de tomar un caf� con un amigo para conversar, probablemente hablemos por WhatsApp. La redes sociales han lacerado aquello que, seg�n su punto de vista, nos ha hecho poderosos como especie.�No es por creer en conspiraciones, pero si alguien quisiese acabar con la humanidad, parece un plan perfecto.�

—As� es. Yo dir�a que fueron las grandes corporaciones medi�ticas las que iniciaron esta tendencia. En Estados Unidos, la cadena de noticias Fox News fue la pionera, a principios de los noventa del siglo pasado. Su idea fue que, en lugar de ofrecer una misma fuente de informaci�n para todas las audiencias, se creara un segmento para la poblaci�n m�s conservadora a la que le ofrecer�an las noticias que quer�an o�r. Ante esta estrategia, los medios progresista respondieron haciendo exactamente lo mismo. Todo ello deriv� en dos burbujas informativas separadas. Ahora nos encontramos con un nuevo fen�meno que ya se percibe: cada vez hablamos menos con las personas que ven el mundo de manera distinta a la nuestra. Y esto se manifiesta de mil formas distintas. En Estados Unidos, ya hay se�ales que nos indican que se est� produciendo una reubicaci�n geogr�fica masiva.

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—Cuando una persona conservadora que vive en California, que es un estado liberal, abandona este territorio, tiene el doble de posibilidades de acabar mud�ndose a un estado conservador que a uno progresista. Esto implica que California pierde a un ciudadano con el que sus vecinos podr�an estar debatiendo y escuchar una perspectiva diferente. Sin embargo, se ha marchado a un estado donde se juntar� con otros conservadores. Del mismo modo, cuando una persona progresista abandona Texas, tambi�n tiene el doble de probabilidades de acabar viviendo en un estado progresista. La poblaci�n est� migrando desde estados en los que�eran parte de una minor�a ideol�gica a otros en los que pasan a formar parte de una mayor�a ideol�gica. Cuando Joe Biden gan� las elecciones presidenciales del a�o 2020, millones y millones de votantes conservadores aseguraban que era imposible que hubiese ganado limpiamente. �C�mo era posible que hubiese obtenido 80 millones de votos? Lo ve�an rid�culo, porque no conoc�an a ni una sola persona que hubiese votado por �l. Claro que no vas a conocer a ning�n votante dem�crata si te has marchado a vivir al lugar�al que se va la gente para estar lejos de los votantes dem�cratas.�Si no quieres hablar con tu vecino sobre pol�tica porque piensa diferente a ti, me parece bien, pero tambi�n vas a estar en desacuerdo sobre cu�l es la mejor pel�cula de la historia o sobre el mejor grupo que ha existido y no por esto cortas la relaci�n de ra�z.

—Bueno, supongo que no es lo mismo�decir que los Beatles est�n sobrevalorados a posicionarte en contra de la inmigraci�n.

—Creo que la pol�tica ha adquirido un valor moral que no ten�a. Antes no pasaba nada por discrepar sobre si se deber�a gastar m�s o menos dinero desde la administraci�n. Sobre si�deber�an aplicar medidas de austeridad o no para reducir el d�ficit presupuestario. Pero ahora, aquello en lo que crees te convierte en buena o mala persona. Y si piensas diferente, mi�c�rculo me dice que eres mala gente, as� que no te quiero en mi barbacoa ni que mis hijos pasen tiempo con los tuyos. Desde luego, ni hablar de que se casen entre ellos.�En Estados Unidos, la cuesti�n racial era un problema enorme. Aunque lo sigue siendo, en los a�os sesenta, blancos y negros no quer�an que sus hijos se casasen con personas de distinta raza. A d�a de hoy, solo el 5 % de los estadounidenses mantienen esta postura. Sin embargo, lo que hace sesenta a�os se dec�a sobre las distintas razas, hoy se ha trasladado al partido pol�tico contrario.�

—Uno de los temas centrales que ha estudiado es el dolor social. En el cerebro, el dolor f�sico y el social comparten muchas de las v�as neuronales por las que se expresan. �Podr�amos recetar analg�sicos a las personas que sufren porque est�n solas?

—Si existiese una pastilla que hiciese que no sintieses dolor al tocar una estufa muy caliente, �te la tomar�as? Existen dos tipos de dolor. Est� el que te manda una se�al para que dejes de hacer algo, que es un tipo de dolor del que creo que nadie querr�a librarse porque supone una important�sima se�al para el aprendizaje. Pero despu�s est� el dolor cr�nico, que se lleva la vida por delante. Y cuando este dolor se traduce en soledad y la soledad en dolor, ambas cosas acaban envueltas en una sola. Y lo cierto es que entiendo el deseo de querer mitigar esta soledad y dolor cr�nico, y probablemente los analg�sicos podr�an ayudar. Dicho esto, estos analg�sicos,�tomados a dosis altas y durante tiempo prolongado son t�xicos y peligrosos. Dudo mucho que se pueda recomendar una soluci�n de este tipo. Pero bueno, imaginemos que existiese una pastilla que�lograra paliar�una situaci�n as��y que la soledad dejase de doler. Tal vez yo me la tomar�a.�Pero si tuviese�que organizar una sociedad, querr�a encontrar una manera de lograr que esas personas satisfagan esa soledad para que conecten de nuevo. Como sociedad, queremos que las personas alcancen su m�ximo potencial y cualquiera que est� solo tiene menos probabilidades de hacerlo.�Porque por muy brillante que sea una�idea, si no se rodea de personas, nunca va a ir m�s all�.�

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—�Otras especies, adem�s de lo humanos, experimentan dolor social? Una mosca, por ejemplo.

—Creo que el punto de corte se establece en los mam�feros. Todo mam�fero experimenta, probablemente, la experiencia del dolor social. La raz�n no es otra que los mam�feros, a diferencia del resto de clases de vertebrados, nacen completamente incapaces de cuidar de s� mismos. Cuando una mosca nace, su madre no tiene que ocuparse de aportarle los nutrientes necesarios. Simplemente nace y se marcha. En todos los mam�feros existe un per�odo de tiempo en el que son dependientes, en mayor o menor medida, de los cuidados de sus padres o de su madre. La verdad es que los humanos somos el peor ejemplo, porque necesitamos�ser cuidados durante unos dieciocho a�os. Te dir�a que, en la actualidad, incluso durante m�s tiempo. Adem�s, todos los mam�feros tienen en sus cerebros una parte llamada corteza cingulada anterior, que no existe en el resto de especies. Es la responsable de parte de este dolor que nos afecta. No se ocupa de detectar de d�nde procede ese dolor, pero s� de que resulte molesto y angustiante.�Y todos los mam�feros lo tienen. Todos los mam�feros tienen esta necesidad social.

—Todo esto contradice a Maslow y su famosa pir�mide de prioridades, donde las necesidades fisiol�gicas son la primera preocupaci�n y las sociales ser�an mucho menos importantes.

—Es que sin tu madre ni siquiera podr�as hacer frente a las necesidades fisiol�gicas b�sicas. Los famosos estudios de Harry Harlow en los que hac�an a cr�as de mono elegir entre comida o la compa��a de�un mu�eco que imitaba a su madre lo demuestran —los monos eleg�an la compa��a—. Y esto no se debe a un razonamiento profundo de esas cr�as, sino a que evolutivamente estamos programados para buscar el calor de una madre, porque esto es lo que nos garantiza cuidados.�

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