En la v�spera del viaje de Starmer, ‘The Daily Telegraph’ public� que los servicios de espionaje chinos tuvieron acceso a tel�fonos de los asesores de los ex primeros ministros Sunak, Truss y Johnson
En los a�os 90 fue ‘Londonist�n’, en referencia a la cantidad de integristas musulmanes de Oriente Pr�ximo y el norte de �frica -algunos de ellos con v�nculos terroristas- acogidos en la capital brit�nica gracias a la muy generosa -y muy equivocada – pol�tica de asilo brit�nica. Despu�s lleg� ‘Londongrado’, para aludir a la afluencia en masa de millonarios rusos, que a su vez desencaden� una oleada de procesos legales y algunos asesinatos de disidentes dirigidos por el Gobierno de Vladimir Putin.
Ahora, la capital brit�nica est� inmersa en una nueva controversia. Esta vez, sin embargo, no tiene que ver con la afluencia de reci�n llegados, sino con algo m�s cl�sico, sobre todo en una ciudad como Londres: el espionaje. Justo en un momento en el que el Reino Unido est� tratando de triangular como buenamente puede una pol�tica internacional con Estados Unidos, la Uni�n Europa, China y otras potencias emergentes -como India la o los pa�ses �rabes- una serie de noticias y controversias han desatado el temor a que Londres se haya convertido en uno de los grandes centros de espionaje de China en el mundo.
La �ltima se�al lleg� este lunes. Justo la v�spera del viaje a China del primer ministro brit�nico, Keir Starmer, el diario conservador The Daily Telegraph publicaba que los servicios de espionaje de la gran potencia asi�tica tuvieron acceso directo a los tel�fonos de los asesores de los tres predecesores de Starmer, todos ellos del Partido Conservador: Rishi Sunak, Liz Truss y Boris Johnson.
De acuerdo con la informaci�n del diario, es posible que China hubiera espiado incluso los m�viles de los primeros ministros. Eso significar�a cinco a�os (de 2019 a 2024 ) de acceso virtualmente ilimitado a las instancias m�s altas del poder brit�nico.
La noticia ha desatado la controversia con el peri�dico tambi�n conservador The Times desminti�ndola y recordando que los trabajadores de Downing Street tienen �rdenes estrictas de no usar el tel�fono en sus comunicaciones confidenciales, por la facilidad que esos dispositivos tienen para ser penetrados por sistemas de espionaje.
El hecho de que el Telegraph, que se sit�a en el ala m�s derechista del conservadurismo, lindante con los ultras de Reform-UK, publicara la noticia justo cuando Starmer va a protagonizar el que ser� el primer viaje de un primer ministro a China desde Theresa May, en febrero de 2018, ha dado un toque de oportunismo a la informaci�n.
En cualquier caso, llueve sobre mojado. La nueva controversia llega exactamente una semana despu�s de que el Gobierno de Starmer haya aprobado la construcci�n de lo que algunos califican como la «mega-embajada» o la «super-embajada» de China en el Reino Unido. El edificio ha levantado una tremenda polvareda pol�tica, y ha sido la causa de una batalla diplom�tica entre Londres y Pek�n. En una exhibici�n de poder, el Gobierno de Xi Jinping ha llegado a filtrar a Reuters que, si no recib�a luz verde para el edificio tal y como �ste est� dise�ado, Starmer tal vez no podr�a visitar su pa�s.
La imagen de debilidad de Starmer frente a Pek�n se ve agravada, adem�s, por el extra�o caso de los presuntos esp�as de China Christopher Cash y Christopher Berry, cuyos cargos fueron retirados por la Fiscal�a cuando estaban a punto de ser jugados, y del jefe de �stos, Cai Qi, el dirigente comunista chino que mantuvo una relacion directa y personal con el ex pr�ncipe Andr�s.
La clave de la fortaleza china, tambi�n llamada Chinatown y Pek�n en el T�mesis est� en su dise�o secreto en pleno centro de Londres, sobre una concentraci�n de cables de fibra �ptica que conectan los dos mayores nudos de la principal plaza financiera de Europa: la City de Londres y el complejo de edificio de Canary Wharf (literalmente ‘Muelle Canario’, en referencia al origen de las mercanc�as que eran descargadas all� cuando el r�o T�mesis ten�a puerto).
Al menos desde el punto de vista t�cnico, la embajada podr�a acceder a las comunicaciones que circulen por la red sin necesidad de ‘pinchar’ los cables. Las sospechas se han visto reforzadas cuando la prensa brit�nica public� documentos sobre la existencia del llamado ‘s�tano de los esp�as’, constituido por 208 cuartos en el subsuelo del complejo, cuya existencia no hab�a sido hecha p�blica. Estos disponen de sistemas de ventilaci�n que, seg�n expertos citados por el Daily Telegraph, apuntan a la instalaci�n de sistemas de refrigeraci�n para ordenadores de gran potencia.
El Gobierno brit�nico ha negado esos extremos. El secretario de Estado de Seguridad, Dan Jarvis, declar� que el Ejecutivo est� convencido de que «cualquier riesgo relativo a esos cuartos secretos va a ser gestionado de la manera apropiada» y los portavoces de Downing Street aseguraron que «sabemos a lo que van a dedicar las habitaciones».
Para algunos, toda la pol�mica de la embajada ha sido simplemente un ejercicio de histeria por parte de Londres. Seg�n esa tesis, China facilita el monitoreo de sus actividades al concentrar sus actividades, que est�n actualmente dispersas en siete edificios. Adem�s, no ha faltado quien ha dicho que la mayor embajada-fortaleza en la capital es la de EEUU, inaugurada hace siete a�os, en la zona de Nine Elms, junto a emblem�tica antigua central t�rmica de Battersea, que es la portada del disco de Pink Floyd Animals.
Pek�n ha jugado muy duro para defender el dise�o de la sede diplom�tica. Primero, se neg� a entregar al Gobierno brit�nico los planos del edificio sin �reas borradas. Despu�s, vincul� la aprobaci�n de �ste a la mejora de las relaciones entre ambos pa�ses.
Starmer, as�, se ha visto en una posici�n casi imposible: entre un aliado natural, los EEUU de Donald Trump, cada d�a menos fiable, una UE a la que Londres trata de acercarse -sin que se note mucho, no sea que se reabran las cicatrices del Brexit- y una China que es un rival estrat�gico pero tambi�n un socio comercial que no puede ser ignorado en un momento en el que, fuera de la UE, el crecimiento econ�mico brit�nico no logra remontar.

