La tensión política ha sufrido una nueva sacudida en Estados Unidos después de que agentes federales de inmigración (ICE) matasen este sábado a tiros a un hombre en Mineápolis delante de decenas de personas, en lo que supone el segundo incidente de este tipo en la ciudad en el marco de las redadas contra los inmigrantes ordenadas por el presidente Donald Trump en esta ciudad. Según las autoridades, la víctima es un ciudadano estadounidense de 37 años llamado Alex Jeffrey Pretti.

Según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), un agente de la Patrulla Fronteriza disparó en defensa propia después de que Pretti, que iba armado, se resistiera cuando intentaban detenerlo. La versión oficial sostiene que el hombre representaba una amenaza para los agentes, aunque no se han aportado detalles concretos sobre la secuencia previa al disparo y la investigación permanece en curso. Sí se compartió una imagen de la supuesta semiautomática de 9mm que portaba el fallecido, junto a varios cargadores.

Sin embargo, vídeos grabados por testigos, uno de ellos verificado por Reuters, complican ese relato. En las imágenes se observa a varios agentes forcejeando con Pretti en el suelo, aparentemente golpeándolo, antes de que se escuche un primer disparo. Tras caer al suelo, se oyen varias detonaciones más. En otra grabación, Pretti aparece de pie grabando a los agentes junto a manifestantes; un agente parece usar spray pimienta, se produce un altercado y, segundos después, se escuchan los disparos.

Las imágenes corrieron como la pólvora por las redes sociales y fueron confirmadas por periodistas locales, desatando nuevas manifestaciones y protestas. Las autoridades locales tratan de evitar que escale la violencia, pero los disturbios continuaron durante el sábado. El jefe de la policía de la ciudad, Brian O’Hara, subrayó que se trataba de un hombre sin antecedentes penales relevantes, más allá de infracciones menores como multas de aparcamiento. Pretti era propietario legal de un arma, con permiso en regla, había estudiado en la Universidad de Minnesota y contaba con una licencia de enfermería activa, emitida en 2021 y válida hasta 2026.

Las reacciones de las autoridades estatales y locales, en manos del Partido Demócrata, no se han hecho esperar. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, afirmó haber visto los vídeos “desde varios ángulos” y los calificó de “repugnantes”, exigiendo que sea el estado, y no el Gobierno federal, quien lidere la investigación. Minnesota ha denunciado además que sus investigadores fueron bloqueados y no pudieron acceder a la escena del tiroteo.

El caso se produce en un contexto especialmente sensible: es el segundo ciudadano estadounidense muerto este mes por agentes federales de inmigración en Mineapolis. El pasado 7 de enero, otra mujer de 37 años, Renee Good, murió tiroteada en un operativo similar, también bajo la justificación de la autodefensa y con la investigación controlada por Washington. Para las autoridades estatales, el patrón es inquietante. Ante el deterioro del orden público, el alcalde Jacob Frey ha solicitado apoyo de la Guardia Nacional de Minnesota para reforzar a la policía local, cuyos recursos —según el Ayuntamiento— están “al límite”. Los miembros de la Guardia, precisó la ciudad, patrullarán con chalecos reflectantes para evitar confusiones con fuerzas federales.

Más allá de un nuevo caso de uso letal de la fuerza, el episodio ha intensificado el conflicto político entre la ciudad de Minneapolis, el estado de Minnesota y la Administración Trump. El foco ya no está solo en Minneapolis, sino en la estrategia federal de seguridad e inmigración y en sus límites legales y políticos. Donald Trump reaccionó con un post en su red social justificando la actuación policial y acusando al alcalde y al gobernador de Mineapolis de incitar a la violencia y la insurrección: «Esta es la pistola del pistolero, cargada y con dos cargadores llenos adicionales, ¿dónde está la policía local? ¿Por qué no se les permitió proteger a los oficiales del ICE? ¿El alcalde y el gobernador los despidieron? Se afirma que a muchos de estos policías no se les permitió hacer su trabajo y que el ICE se tuvo que proteger a sí mismo», ha escrito, presumiendo, también, de haber detenido a más de «12.000 ilegales».

Contra él y su política antimigración cargaron a su vez tanto el alcalde Frey, como el gobernador Walz. «Acabo de ver un vídeo de más de seis agentes enmascarados golpeando brutalmente a uno de nuestros conciudadanos y disparándole hasta matarlo», y se preguntaba: «¿Cuántos ciudadanos más? ¿Cuántos estadounidenses más tienen que morir o resultar gravemente heridos?», ha dicho en declaraciones a los medios Frey, pidiendo, una vez más, que el ICE se vaya del territorio.

Walz fue el primero en informar de un tiroteo en la ciudad a través de redes sociales: «Acabo de hablar con la Casa Blanca tras otro horrible tiroteo perpetrado por agentes federales esta mañana. Minnesota está harta. Esto es repugnante», escribió. Poco después ha asegurado no confiar en La Casa Blanca para la investigación del crimen: «El estado debe tener la última palabra, como le dije a la Casa Blanca sin rodeos esta mañana: no se puede confiar en que el Gobierno federal lidere esta investigación; el estado se encargará de ello, punto».

«No permitiremos que nos pongan obstáculos, como ya hemos visto, y ustedes lo vieron esta mañana. Antes de que se realice cualquier investigación, las personas más poderosas del gobierno federal están inventando historias y publicando fotos de personas sin relación con el caso, de quienes no sabemos nada, y una foto de un arma de fuego para intentar manipular la narrativa», añadió.

El pasado viernes miles de personas tomaron las calles de Minneapolis, para denunciar abusos cometidos durante las últimas semanas en las operaciones del ICE después de que, el pasado 7 de enero, otro agente federal matara a tiros a la ciudadana estadounidense Renee Nicole Good.

Esta movilización ha estado enmarcada en una gran jornada de protesta en la que los organizadores han llamado a la huelga -laboral, escolar y de consumo- «para oponerse unidos a las acciones del gobierno federal contra el estado», dentro del movimiento de protesta ‘ICE Out for Good’ (ICE fuera de una vez) que engloba a más de cien organizaciones como sindicatos, grupos por los derechos civiles y entidades religiosas.

Los organizadores han exigido la salida del ICE del estado de Minnesota, la apertura de un proceso legal contra el agente que mató a Renee Good, acabar con la financiación del ICE en los próximos presupuestos federales y una investigación «por violaciones constitucionales y humanas de los estadounidenses y nuestros vecinos». Además, han instado a las empresas a que cesen sus relaciones económicas con el cuerpo federal.

Los manifestantes han tenido que hacer frente a una ola de frío que azota Estados Unidos y que ha dejado temperaturas de menos 23 grados centígrados. «Son -23 grados y miles aún se presentaron con fuerza en Minneapolis. Así somos nosotros», ha asegurado el alcalde de la ciudad, Jacob Frey, que ha mostrado su apoyo a las movilizaciones.

El Gobierno liderado por Donald Trump lanzó la operación contra la inmigración ‘Metro Surge’ el pasado mes de diciembre en Minnesota que el inquilino de la Casa Blanca ha justificado bajo la afirmación de un aumento de la criminalidad. «¿Realmente quieren los habitantes de Minnesota vivir en una comunidad en la que hay miles de asesinos ya condenados, traficantes de drogas y adictos, violadores, prisioneros violentos liberados y fugados?», declaró. Las actuaciones de los agentes, como la muerte de Good o la detención de un niño de cinco años, han desatado la indignación entre la población del estado.

La tensión política ha sufrido una nueva sacudida en Estados Unidos después de que agentes federales de inmigración (ICE) matasen este sábado a tiros a un hombre en Mineápolis delante de decenas de personas, en lo que supone el segundo incidente de este tipo en la ciudad en el marco de las redadas contra los inmigrantes ordenadas por el presidente Donald Trump en esta ciudad. Según las autoridades, la víctima es un ciudadano estadounidense de 37 años llamado Alex Jeffrey Pretti.

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