EDICIÓN ESPECIAL: Arrancamos el 2026 con siete crónicas escritas por autores menores de 30 años. La Generación Z revisa el México de nuestros días.

DOMINGA.– Esta historia comenzó con un sueño, una generación atrás. “Yo tomé esa decisión, que ellos estuvieran ya aquí, como era el sueño de mi papá […]. Cumplí el sueño de mi papá”, dice y repite. Entre las calles del centro de Tlalpan seguimos a Shadi Abed, un hombre palestino-mexicano que luchó contra lo imposible para salvar a 18 integrantes de su familia de los bombardeos y del bloqueo de ayuda humanitaria por parte del Ejército de Israel en Palestina.

Kamal Abed, el papá de Shadi, salió de la Franja de Gaza en 2010 con rumbo a México. En su tierra natal, el negocio de mármol y granito que daba sustento a su familia había sido destruido por el ejército de Israel durante la incursión militar de 2008 y 2009. Kamal vendió sus propiedades y comenzó a reconstruir su vida en México, donde continuó con un negocio de la misma índole. Años después, en 2019, se naturalizó mexicano.

En cuanto a su hijo, Shadi, tenía una tienda de café y ejercía la labor periodística en Palestina. Sin embargo, tras los constantes acosos del ejército de Israel a su negocio y haber sido amenazado por su labor informativa, en 2018 decide viajar a México con una visa de visitante que tramitó en la Embajada de México en Jordania. Sabía que ya no podía regresar a su país, por lo que solicitó apoyo a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) para permanecer en territorio nacional.

Un año después, en 2019, la Comar falló a su favor y lo reconoció como refugiado en México. Ambos reconstruyeron su vida juntos. Kamal continuó trabajando el mármol y el granito; Shadi puso una cafetería que mezcla sus raíces palestinas con su nueva identidad mexicana. “Me dedico al café en una parte del Estado de México, en Jilotepec. Hago todo el proceso. Todo es nacional”, confesó Shadi en una entrevista para DOMINGA.

El 7 de octubre de 2023, Hamás lanzó un ataque sorpresa contra Israel. Enseguida, el primer ministro Benjamín Netanyahu declaró la guerra, movilizó a las fuerzas armadas y advirtió que “el enemigo pagaría un precio sin precedentes”. El Estado de Israel respondió con toda su fuerza; bloqueó las fronteras de la Franja de Gaza e impidió la entrada de ayuda humanitaria. Más de dos millones de personas se quedaron atrapadas bajo los bombardeos, sin ninguna posibilidad de escapar. Entre ellas, se encontraban los 18 integrantes de la familia Abed.

A medida que avanza la ofensiva israelí, los palestinos se ven obligados a dejar sus hogares para trasladarse a las zonas seguras designadas por el Estado de Israel. Según cifras de las Naciones Unidas, hasta abril de 2025 más de 1.9 millones de palestinos, equivalente al 90% de la población de la Franja de Gaza, han sido desplazados durante el conflicto.

Ante este panorama, Kamal pidió a la Secretaría de Relaciones Exteriores que trajeran a su familia a México, pero no recibió respuesta. La impotencia y la esperanza lo hacen pensar en un nuevo plan y, en un intento desesperado, en febrero de 2024, Kamal voló a Egipto para hablar con la Embajada mexicana.

De manera simultánea, Carla, una amiga méxico-palestina de Kamal, le ofreció su ayuda. Sin embargo, al no contar con los medios necesarios para apoyarlo, canalizó el caso a la activista Ishtar Mubarak, quien a su vez contactó a Gabriela Bejarano. Juntas, en enero de 2024, conformaron el colectivo De Gaza a México y comenzaron a buscar formas de traer a la familia Abed al país.

El colectivo contactó a una organización especializada en temas de migración para que les ayudaran con todo el proceso, pero su respuesta fue negativa. Les dijeron que el caso superaba sus capacidades. Por ello, fueron canalizados con la Clínica Jurídica Alaíde Foppa, de la Universidad Iberoamericana.

El cuerpo de Kamal regresó a Gaza para recibir los honores funerarios. Era la primera vez en casi 14 años que el resto de los integrantes de la familia y Kamal se reencontraban. También sería la última. Después de la muerte de su padre, Shadi tomó una decisión que cambió el rumbo de su vida. Emprendió una batalla legal y mediática para evacuar a la familia Abed y cumplir el sueño de reunirse en México.

En marzo de 2024, Axel González, abogado por la Universidad Iberoamericana, recibió el caso y, de la mano del equipo de la Clínica Jurídica Alaíde Foppa, planeó una ruta legal para que el gobierno mexicano permitiera la entrada a los 18 integrantes de la familia Abed. Este proceso se sustentó en el derecho que tiene Shadi como refugiado a la reunificación familiar.

“La ley prevé ciertos requisitos: que el refugiado demuestre solvencia económica y que tenga un vínculo familiar con las personas que pretende traer a México”, explicó Axel. No obstante, para comprobar el parentesco entre Shadi y su familia, era necesario que tramitaran documentos legales en Palestina, como pasaportes o actas de nacimiento. En medio de la crisis humanitaria y la violencia generalizada hacia el pueblo palestino, este se volvió un paso difícil.

La casa de los Abed había sido bombardeada, y muchos de los documentos se quemaron o simplemente nunca habían sido tramitados.

El costo total de este trámite fue de casi 50 mil pesos, monto que fue reunido mediante campañas en redes sociales y eventos de recaudación organizados por el colectivo De Gaza a México.

Una vez reunidos todos los requisitos, el 9 de abril de 2024 se entregó por escrito la solicitud de reunificación familiar a la Comar. De acuerdo con el Artículo 80 del Reglamento de la Ley sobre Refugiados y Protección Complementaria, la Comisión tiene un plazo máximo de 45 días hábiles para resolver la solicitud. Sin embargo, 12 días antes de que se cumpliera el plazo para la resolución del caso de la familia Abed, la Comar cerró sus oficinas y vendría un ‘impasse’ administrativo.

En mayo de 2024, se informó que el cierre se debió a un cambio de domicilio. El colectivo intentó solucionar la situación recurriendo a los medios: “Nuestros trámites quedaron atorados. Este caso no podía quedar parado al infinito, había vidas en juego. Empezamos a hacer cierta presión mediática”, contó Bejarano.​

Para el 5 de agosto, la Comar reabrió sus puertas en la alcaldía Iztapalapa. Un mes después, el 9 de septiembre, Shadi recibió finalmente respuesta a su solicitud de reunificación familiar: se reconoció como refugiados a 15 de los 18 integrantes de la familia Abed. Pero dejó fuera a sus tres cuñadas.

De acuerdo con el artículo 58 de la Ley Sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, la reunificación familiar sólo puede autorizarse al cónyuge, concubinos y parientes consanguíneos hasta el cuarto grado del solicitante. De modo que las cuñadas quedaron excluidas del proceso.

En respuesta, la Clínica Jurídica Alaíde Foppa apeló a través de un escrito que alegaba que la decisión de la Comar iba en contra de los derechos humanos.

El 16 de noviembre de 2024, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados dictó la sentencia favorable a las tres cuñadas de Shadi. Con este fallo, los 18 integrantes de la familia Abed fueron reconocidos como refugiados por parte de México. El siguiente paso era lograr su evacuación de la Franja de Gaza.

La familia Abed tenía que abandonar su país natal para acudir a una embajada mexicana. Ahí, recibirían las visas de reunificación familiar, un documento que regulariza su condición migratoria y les permite permanecer en México. Sin embargo, con motivo de la guerra, Israel cerró todas las fronteras de la Franja de Gaza, impidiendo la entrada y salida de personas.

Según el Instituto de Jerusalén para la Estrategia y la Seguridad, el COGAT es una unidad dependiente del Ministerio de Defensa de Israel que dictamina y supervisa la política civil en Judea, Samaria y Gaza. Entre sus funciones se encuentran el control de cruces fronterizos, la supervisión de la entrada de bienes y la implementación de políticas de control militar y civil en los territorios ocupados.

Más de cinco meses después, en mayo de 2025, el colectivo recibió la noticia de que las negociaciones fueron fructíferas, y que la familia Abed tenía permiso de salir de Gaza. En un principio, Gabriela Bejarano y su equipo planearon una ruta de evacuación por Rafah, al sur de la Franja, para llegar a Egipto.

En unos pocos días, De Gaza a México realizó una campaña de recaudación de fondos e hizo un llamado de solidaridad a la comunidad mexicana: “Se hizo una campaña exprés de recaudación, se dio la noticia en redes sociales. Afortunadamente, la gente se solidarizó. Se juntó el dinero y se pagaron los gastos”, mencionó la integrante del colectivo.

El 22 de mayo de 2025, la familia Abed fue evacuada de la Franja de Gaza hacia Jordania. Tomaron un avión y viajaron a Turquía. Después, volaron a México.

Entre la noche del 24 de mayo y la madrugada del 25, la familia Abed llegó a México. Fueron recibidos entre aplausos y gritos de solidaridad. Los colores de la bandera de Palestina: el verde, negro, blanco y rojo, inundaban los pasillos del aeropuerto. El lugar se convirtió en una fiesta. Algunos, incluso llevaron dulces típicos mexicanos para obsequiar.

La larga odisea concluyó pero la demora había generado estragos: “Mi cuñada perdió a toda su familia en la guerra y mi hermano a su hija. Ella tenía nueve años, murió por un gas fósforo. No podía respirar y se ahogó”, dijo Shadi.

Además, recuerda lo que pensó cuando los vio: “Estaban muy flaquitos. La guerra les afectó mucho. Mi mamá sufrió infartos. Cuando ella llegó al aeropuerto, tenía dos arterias tapadas; le vi la cara muy amarilla. Ella no estaba bien, le hicieron dos cateterismos en su corazón. Los niños todavía tienen traumas de la guerra”, detalló.

Históricamente, México tiene una larga tradición como país de acogida para refugiados que huyen de la guerra. En el siglo pasado, recibió un gran número de españoles que huían del fascismo, sudamericanos perseguidos por las dictaduras y guatemaltecos que escapaban de la guerra civil. Siendo así, ¿por qué fue tan difícil que la familia Abed llegara a México?

El abogado Axel González señaló que la política migratoria de Estados Unidos ha sido un factor determinante, pues mucha gente que pensaba cruzar la frontera se ha quedado varada en México. Esto ha ocasionado un incremento exponencial en las solicitudes de refugio y asilo, sobrepasando las capacidades de la Comar.

Por otra parte, desde una perspectiva internacional, la aceptación de refugiados palestinos podría interpretarse como un gesto político en favor de Palestina, lo que rompería con la neutralidad que México ha mantenido históricamente frente al conflicto.

Espero que pare la guerra, que haya paz, que la gente pueda vivir, trabajar y salir a disfrutar su vida, porque nosotros vivimos una vez nada más”.

Finalmente, Shadi aprovecha la ocasión para mandar el siguiente mensaje: “Como México no hay, y quiero agradecer muchísimo al pueblo mexicano por apoyar el caso de mi familia y al pueblo palestino. Esta no es una guerra, es un genocidio. Gracias por alzar la voz por nosotros, los palestinos; y siempre ¡Viva México y Palestina libre!”

Crónica realizada por alumnos de la carrera de Comunicación en el Tec de Monterrey, campus Ciudad de México: Brian Rosales León, Dagmar Cervantes, Valeria González, Valeria Gastellum y Denisse Enríquez. Materia: Periodismo Convergente. Profesora: Mariela Gómez Roquero. Fact checking: JRH

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