Roswuer Eliezer González Pinto fue parte de las numerosas caravanas migratorias que salieron de Venezuela con rumbo a Estados Unidos en 2023. El objetivo: escapar de una realidad económica adversa.
Salió junto con su pareja en abril de ese año y, para finales de octubre, llegó a Torreón, Coahuila, en el tren. En entrevista con MILENIO dice que, antes de arribar a la entidad, recorrió todo el sur y centro del país con mucha dificultad por la falta de dinero, pero con la ilusión de una mejor calidad de vida.
Sin embargo, fue ella quien lo convenció de desistir del sueño americano tras un agotador viaje de miles de kilómetros.
Roswuer recuerda bien esa mañana de octubre. Bajaron del tren en la colonia Santiago Ramírez y luego llegaron al centro de Torreón, donde rentaron una habitación de hotel para pasar sus primeros días. Después, para sobrevivir, compraron y vendieron dulces en los cruceros.
La solidaridad de los laguneros fue algo que terminó por convencerlos de quedarse. Conoció a otro venezolano que ya había echado raíces en la ciudad y le habló del trámite de refugio que él comenzó tiempo atrás con apoyo de los abogados del Centro para Migrantes “Jesús Torres”, un espacio que da cobijo a extranjeros desde hace casi tres lustros.
Roswuer acudió también a recibir apoyo para el trámite. Al mismo tiempo que realizaba su solicitud de refugio, trabajaba por las mañanas en el puesto de gorditas y por las tardes como repartidor en una aplicación digital para hacerse de patrimonio para su hogar.
Por azares del destino, el 28 de julio de 2024, fecha en que se realizaron las controvertidas elecciones presidenciales venezolanas que ratificaron a Nicolás Maduro, sufrió un accidente en su trabajo como repartidor que le dejó una fractura en el brazo derecho.
En noviembre de ese año obtuvo su documento como residente oficial y, poco antes, supo que tendría una niña. Hoy su hija tiene nueve meses y él tiene casi el mismo tiempo trabajando en una empresa de telecomunicaciones como recuperador, con prestaciones de ley.
Roswuer está convencido de que quedarse en Torreón fue la mejor decisión, pues llegar a Estados Unidos ahora es más complicado tras las políticas implementadas por la administración de Donald Trump desde enero, además de que México es más de lo que les contaron.
El venezolano tiene entre sus planes futuros comprar una casa propia con su crédito Infonavit o un automóvil, por lo que implica tener una familia.
Ángel Moreno Luna es un migrante de origen hondureño que dos veces intentó cruzar a Estados Unidos, pero que desde hace tres años decidió permanecer en Torreón, Coahuila, por la comodidad que esto implica.
En ambas ocasiones trató de cruzar por la frontera de Piedras Negras, Coahuila, hacia Eagle Pass, Texas. La primera vez falló y en la segunda logró llegar hasta San Antonio y posteriormente a Denver, donde laboró durante ocho meses en una librería.
Sin embargo, fue deportado y terminó en Vista Hermosa, Tabasco. Aunque admite que busca una tercera oportunidad para cumplir el sueño americano, Ángel, de 23 años y originario del municipio hondureño de Comayagua, sabe que la situación que se vive en Estados Unidos no es propicia para intentarlo, por lo que decidió quedarse en Torreón.
El hondureño salió de su país a los 13 años por la falta de trabajo y la situación de violencia generalizada, donde las pandillas juegan un papel protagónico.
Dice haber recorrido todos los estados de México, pero en ninguna ciudad ha recibido el trato que en esta región.
Ángel trabaja en labores de albañilería y carpintería para sobrevivir. Es asistente frecuente del Comedor para Migrantes “Santa Cecilia”, ubicado en la colonia Las Julietas, que brinda cobijo a migrantes desde hace más de una década con alimentos y vestido.
Está convencido de hacer un último intento para llegar a Estados Unidos por la misma frontera coahuilense, pero antes busca un plan B que consiste en contar con una propiedad a la cual pueda regresar en caso de ser deportado.
José fue deportado en 2025 tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en Estados Unidos. Es el vivo ejemplo de que las políticas migratorias del republicano fueron y siguen siendo en serio.
El migrante de origen venezolano salió de su país hace seis años y estaba establecido en Opelika, Alabama; sin embargo, tras el inicio de las deportaciones, después de enero pasado, estuvo detenido durante tres meses.
José ya contaba con licencia de conducir y permiso de trabajo, pero eso fue insuficiente para que lo dejaran en libertad.
El venezolano creyó que con una defensa legal podría salir, pero no fue así y lo deportaron. Terminó en Vista Hermosa, Tabasco, y luego transitó durante meses por el sur y centro de México hasta que, a finales de noviembre, llegó a Torreón, Coahuila.
El migrante recién cumplió un mes en Torreón y desde entonces, para sobrevivir, trabaja en labores de albañilería. Como una costumbre, acude en sus tiempos libres al Comedor “Santa Cecilia”, donde se encuentra con quienes le han tendido la mano desde su llegada.
José no sabe qué le deparará el futuro, pero está seguro de que no quiere volver a Venezuela. Su salida de ese país fue por cuestiones políticas, ante el ambiente convulso que se vive, y teme que, si retorna, podría ir a prisión.
En esta ciudad, asegura, la gente lo trata bien, salvo los policías, a quienes considera hostiles, y al mirar hacia Estados Unidos no ve muchas certezas.

