Patssi Valdez era una adolescente chicana del este de Los Ángeles que vivía atemorizada por un padre borracho. Glugio ‘Gronk’ Nicandro era otro niño de ascendencia mexicana que vagabundeaba por las calles de la ciudad de las estrellas sin que sus padres se preocuparan por … su paradero. Willie Herrón, un jovencísimo pintor de murales, era otro de esos jóvenes incomprendidos que tuvo que recoger a su hermano herido en la calle con una veintena de punzadas por un picahielos. Todos ellos eran chicanos, estaban asqueados por la estigmatización de los inmigrantes en los EstadosUnidos de finales de los 60 y 70 y querían dar voz a una cultura hasta entonces relegada a los márgenes. El joven activista y fotógrafo Harry Gamboa Jr. los reunió a todos bajo el paraguas de la revista revolucionaria ‘Regeneración’ y juntos empezaron a hacer ‘performance’ en las calles de Los Ángeles. Sentían tal rechazo por el ambiente claustrofóbico de la América anglosajona que no dudaron en bautizarse ASCO. Nacía así un grupo artístico que serviría para demostrar que no todos los inmigrantes eran criminales, ni estaban en bandas, ni eran incultos, sino personas de un talento brillante.
El Festival Dart de películas y documentales de arte acaba de inaugurar su novena edición con el documental ‘ASCO: Without permission’, dirigido por el cineasta Travis Gutiérrez Senger. La película describe la trayectoria de uno de los grupos más influyentes del arte chicano que sin dinero, sin reconocimiento y sin padrinos, no pidieron permiso a nadie para tomar las calles y convertirlas en un escenario de libertad e imaginación. «Decidieron tomar acción, no esperar a que les dejaran expresar su voz, sino imponerla ellos desde el primer momento y en ese sentido son una gran inspiración para toda la generación de artistas chicanos que vinieron después», afirma Gutiérrez en declaraciones a ABC.
El grupo arranca en 1969, con las revueltas chicanas de Los Ángeles, en uno de los peores momentos de la imagen pública de los inmigrantes, a los que se les acusa de promover la violencia y el caos. Los cuatro deciden dar voz a su comunidad, pero haciéndolo de una forma colorista, teatral y llena de sarcasmo. En su primera exhibición, a la que bautizarán precisamente Asco, sólo colgarán en las paredes sus obras más rabiosas, irregulares, malas. «Bautizábamos a nuestras exhibiciones ‘fiestas’ para que la gente viniera y luego les bombardeábamos con arte cuando teníamos su atención», recuerda Gamboa.
Aunque eran grandes fotógrafos y pintores, su obsesión pasa a ser rápidamente la ‘performance’, ocupar las calles y transformarlas con intervenciones revolucionarias. Entre sus primeros golpes certeros, la pintura de las paredes del Museo del Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA) como protesta por la ausencia de ningún artista chicano en su colección. En 2011, cuando el mismo museo les rinda tributo con una completa retrospectiva, el ciclo se habrá completado. «La comunidad chicana era y es muy grande en Los Ángeles y que el museo de la ciudad no tuviese ninguna representación de su arte era una afrenta inadmisible», reconoce Gutiérrez.
Procesiones teatralizadas por las calles, murales ‘reales’ con Patssi Valdez atada con cinta aislante a la pared, parodias de la virgen de Guadalupe, el grupo gana notoriedad a marchas forzadas, hasta que la invención de las llamados ‘no movies’ llaman la atención del mundo aglosajón. Parodiando a Hollywood y la imagen estereotipada que dan de los inmigrantes, realizan fotografías con momentos congelados que explican películas en sí mismas. Incluso crean los premios de las no películas a imagen y semejanza de los Oscar, con una enorme cobra de plástico teñida de dorado como premio. «Siempre fueron unos maestros del marketing y de vender sus ideas. El humor es muy importante en su obra. Consiguen una mezcla perfecta entre entretenimiento y denuncia. Digamos que se toman muy en serio su arte, pero no a sí mismos», explica Gutiérrez.
A finales de los 80 el grupo se divide. Ya no hay el mismo entusiasmo juvenil y la competitividad, celos y envidias entre los miembros se dispara. Patssi se marcha a estudiar a Nueva York. Herrón funda una banda de post punk llamada Los Ilegales, y Gronk se vuelca en sus pinturas en solitario. Se incorporan otros artistas como Humberto Sandoval o Rubén Zamora, pero el espíritu se va perdiendo hasta que en 1987 se realiza la última intervención artística del grupo. Queda, eso sí, una obra compacta y revolucionaria cuyo eco todavía pervive en nuestros días.
El documental rescata la influencia de ASCO en el arte chicano actual frente a la demonización del inmigrante
El documental no sólo sirve para hacer una reconstrucción histórica del colectivo, sino glosar su influencia en los artistas actuales y ofrecer ejemplos de nueva creación al estilo Asco. «Desde la llegada al poder de Trump, la demonización del inmigrante es tan bestia que todo parece una pesadilla. Por eso el ejemplo de ASCO es tan importante hoy día, porque ellos vivieron algo similar y no pidieron permiso a nadie para hacer lo que querían, para transmitir el arte que querían transmitir, simplemente lo hicieron», afirma Gutiérrez.
Una de estas jóvenes artistas es San Cha, cantante, ‘performer’ y compositora que desde San Francisco ha ido creando una obra personal y ambiciosa siempre bajo la inspiración chicana. «Yo tenía una especie de hada madrina drag con la que actuaba y ella fue la primera que me introdujo a este movimiento que ha sido una enorme fuente de inspiración para mí y mi generación», reconoce. De familia ultra católica y humilde, su voz transgresora no ha sido comprendida siempre, pero sabe que ahora mismo hay que romper barreras. «Todos nosotros somos los raritos de nuestras familias, pero hoy es más importante que nunca conseguir abrir mentes y perspectivas y aumentar nuestro discurso para evitar la banalización y los prejuicios contra los chicanos», comenta.
La artista ha pasado por el Festival Dart para actuar y ser una madrina de lujo del colectivo ASCO. Ahora está organizando una gran gira para su próxima ópera y ve con entusiasmo la posibilidad de un futuro donde el arte latino tenga verdadera visibilidad en Estados Unidos. «Lo único que nos falta es una gran estrella que abra definitivamente las puertas y refuerce el valor del arte y el talento latinos. San Cha es una de esas estrellas», dice convencido Gutiérrez.
El documental, producido, entre otros, por Gael García Bernal y Diego Luna, y con la participación de rostros conocidos del Hollywood latino como los actores Michael Peña o Zoe Saldaña, es una oportunidad única para comprobar la lucha de la inmigración latina en Estados Unidos por reclamar su espacio. «Antes estábamos totalmente vedados del canon, pero los hijos de aquellos primeros inmigrantes ahora son los comisarios y directores de museos y empieza a abrirse verdaderamente la ventana para el arte latino. Estamos en tiempos muy difíciles, pero soy optimista», concluye Gutiérrez.

